X hits on this document

709 views

0 shares

0 downloads

0 comments

128 / 310

de­fendido por tres enormes torres que se levantaba junto a las mu­rallas occidentales. A una de las lujosas salas de aquel edificio, que olía a perfumes árabes, llevaron a Jesús. En el centro, sobre un triclinio de seda, estaba recostado el rey. A su lado, como siem­pre, la reina Herodías.

Herodías- Y tú, «profeta», ¿no tenías curiosidad por conocer la cara de tu rey? ¡Parece mentira, Herodes, qué súbditos tan ingratos tienes!

Herodes- Sí, galileo, yo soy tu rey y mando sobre ti. ¿No lo sabías?

Jesús, con las manos atadas a la espalda y la cara muy hinchada por los golpes, sostenía la mirada asustadiza de Herodes.

Herodes- Pobre muchacho... Ya veo que te han dado una bue­na tunda en casa de Caifás. Ah, estos señorones de Judea abusan de nosotros los del norte. ¿O fue Poncio Pilato? ¿Te hicie­ron mucho daño los soldaditos extranjeros? Bueno, pero tú eres fuerte y aguantarás eso y mucho más, ¿no es verdad? ¿Qué te parece a ti, Herodías?

Herodías- Claro que sí, mi rey. Estos campesinos son como los bueyes: fuertes, brutos... ¡y castrados!

Herodes- No le hables así al muchacho, Herodías. Al fin y al cabo, es nuestro visitante. A ver, profeta, alégranos la mañana. Ya te vi el pelo. Ahora quiero oírte la voz. Me han dicho que tie­nes muy buena lengua para hacer cuentos y entretener a la gente. Aquí, en confianza, esto de ser rey resulta a veces aburrido. Es como tirar los dados una y otra vez y ganar siempre. Vamos, anímate un poco y cuéntanos algo. Estoy casi seguro de que si a Herodías le gusta tu historia conseguirás un indulto.

Jesús, en silencio, continuaba con los ojos fijos en el rey galileo.

Herodes- ¿Qué te pasa? ¿No se te ocurre nada?

Herodías- Siempre lo mismo. Muchas bravatas en la taberna y luego se vuelven modositos como una doncella cuando entran en palacio.

Herodes- Es natural, Herodías. Los campesinos son tímidos. Suponte tú venir del interior y así, por sorpresa, estar delante de tantas autoridades ¡y hasta del rey! Pero no te asustes, mucha­cho, que no soy tan malo como me pintan. No tiembles, «que no voy a comerte». Prefiero otra carne, ¿verdad, Herodías? Por cierto, he oído que también sabes hacer milagros. ¿Es ver­dad eso, profeta? ¿O también son cuentos? ¿No sabes hacer nada? ¿Ni siquiera el truco de la serpiente?

Herodías- Tiene las manos amarradas, Herodes. Las manos necesita moverlas con libertad.

Herodes- Tienes razón, preciosa. ¡Graco, ven acá! Suéltale las manos a ése.

Document info
Document views709
Page views709
Page last viewedSun Dec 04 17:00:43 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments