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Soldado- Enseguida, majestad.

Uno de los guardias de Herodes se acercó a Jesús y con la espa­da cortó la soga que le ataba las manos a la espalda.

Herodes- ¿Ya estás listo? ¿O necesitas algo más? Ea, mu­chacho, toma esta manzana.

Herodes alargó la mano, tomó una manzana de la mesa y se la arrojó a Jesús. La fruta le rebotó en el cuerpo y cayó al suelo.

Herodes- Tómala, te digo. Si la haces desaparecer sin que yo me dé cuenta, te daré un buen premio. ¡Vamos, caramba, no es tan difícil hacer eso! ¿O será que la belleza de mi mujer te tie­ne trastornado? ¡Pues esa manzana sí que no te la regalo, amiguito! ¡Es sólo mía! ¡Ja, ja, ja!

Jesús seguía inmóvil como una estatua. Desde fuera, llegaba el rumor creciente de nuestras voces de protesta pidiendo libertad para los presos.

Herodías- Ya me estoy aburriendo, Herodes. Este mentecato no sirve ni para hacernos reír.

Herodes- Vamos, ¿qué es lo que te pasa? Habla, di algo. ¿O es que ya te cortaron la lengua? ¡Me alegro mucho! Pero eso no basta. A los profetas no se les puede cortar sólo la lengua. Hay que cortarles la cabeza entera. ¡Yo se la corté a Juan el bautizador! ¡Melenudo impertinente! ¡Víbora venenosa!

Herodes se estremeció al pronunciar el nombre del profeta Juan, a quien él había asesinado en los calabozos de la fortaleza de Maqueronte hacía apenas un año.

Herodes- Y tú, ¿por qué me miras así, maldito nazareno? ¿Por qué me miras así? ¿Quieres hacerme creer que no tienes mie­do? ¡Pues te equivocas, amigo, yo no trago tus cuentos! ¡No soy tan imbécil como esa chusma que te aclama! ¡Embaucador! ¡Char­latán!

Herodías- Cálmate, Herodes. No te hagas mala sangre por un estúpido como éste.

Herodes- Es la bulla de ahí fuera, que ya me tiene hasta la coronilla. ¡Graco! ¡Que avisen inmediatamente al gobernador Pilato! Que dé orden a sus soldados para que disuelvan a esos escandalosos ahora mismo. Que los aplasten como chinches. Si no lo hace él, lo haré yo con mis soldados y será peor.

Soldado- Enseguida, majestad.

Mientras tanto, en la calle...

Santiago- ¡Libertad para Jesús! ¡Libertad para los presos!

Magdalena- ¡Jesús es nuestro, suéltenlo ya!

Soldado- Plaga de gritones. ¡Se les va a secar la lengua!

Soldado- Déjalos. Los guardias de Pilato ya están ahí...

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