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120- ESTE ES EL HOMBRE

Era cerca del mediodía. Con una multitud de peregrinos galileos y de vecinos de Jerusalén, apiñados frente a la Torre Antonia, seguíamos pidiendo a gritos la libertad para Jesús.

Centurión- ¡Si no se callan, daré orden a mis lanceros de atravesarlos a todos como a perros!

Las amenazas del centurión no lograban calmar los ánimos. Tampoco la lluvia que seguía cayendo, fina y persistente, sobre la ciudad de David, mojándolo todo y calándonos hasta los huesos. El cielo estaba completamente cerrado, tanto como las ventanas y las puertas de la fortaleza romana, donde se protegía el goberna­dor Poncio Pilato.

Centurión- Gobernador: el pueblo sigue muy excitado.

Pilato- No hace falta que venga a decírmelo, centurión. Desde aquí, oigo perfectamente la bulla.

Centurión- ¿Los disuelvo, gobernador?

Pilato- ¡Los disuelves y volverán a juntarse! ¡Son como una pla­ga de mosquitos: matas uno y vienen cien, matas cien y vienen mil! ¡Tercos! Estoy hasta el último pelo de esta gente. Hace siete años que levanto cruces y los clavo en ellas y les tapo la boca con piedras y tierra, y ahí tienes los resultados: ¡nada! ¡No se consigue nada! ¡Maldito pueblo!

Un grupo de soldados arremetió contra la muchedumbre enardecida. Pero enseguida se congregó una multitud mayor.

Centurión-¿Los disuelvo, gobernador?

Pilato- ¿Qué diablos pasa ahora? Ya les solté un preso, el que ellos pidieron. ¿Qué más quieren?

Centurión- Siguen con lo mismo, gobernador. Los de atrás pidiendo la libertad para ese fulano de Nazaret. Los de delante, pi­diendo la muerte.

Pilato- Pues que se las entiendan ellos entonces y a mí que me dejen en paz. Entrégales el prisionero. Y que hagan con él lo que quieran.

A esa misma hora, en una casucha del barrio de Ofel, Judas, el de Kariot, discutía con uno de los líderes zelotes.

Judas- ¡Ustedes me lo prometieron y ahora no pueden echarse atrás!

Zelote- Pero, Judas, compañero, compréndelo. Ha habido como cincuenta heridos frente al palacio de Herodes. Hasta a un niño le cortaron las manos de un tajo. Yo lo vi.

Judas- No me importa lo que viste, sino lo que ustedes me prometieron antes.

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