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Pilato- ¿Para qué traes eso?

Claudia- Para conjurar la sangre. Ven, lávate las manos... ¡y que los dioses nos protejan!(2)

Pilato- ¡Al diablo con los dioses y con tus miedos!

Claudia- La sangre trae mala suerte, Poncio.

Pilato- No, Claudia. La sangre trae sangre... y más sangre. Sólo eso.

Abajo, en el patio, un cordón de soldados empujaba hacia atrás a los que seguíamos protestando y lanzando maldiciones contra el gobernador Pilato. El centurión dio la orden y subieron desde los fosos a los otros sentenciados, Dimas y Gestas, dos jóvenes zelotes que también iban a ser crucificados aquella mañana. Los ver­dugos ya tenían listos los tres gruesos maderos que servirían para el último tormento.

Mateo 27,3-5 y 15-26; Marcos 15,6-15; Lucas 23,13-25; Juan 18,39-40 y 19,4-16.

1. El suicidio de Judas es el único suicidio que se relata en el Nuevo Testamento y prácticamente en toda la Biblia. Hay otro único caso en el Antiguo Testamento. Judas ha sido hasta tal punto presentado como el Malo por excelencia, que en cierta tradición cristiana se afirma que si de alguien se puede afirmar con cer­teza que está en el infierno, es de él. Se apoyan en una frase de Jesús sobre Judas en la última cena: "Más le valiera no haber nacido" (Mateo 26, 24). Pero esta frase no es sino un añadido en forma de dramática advertencia a las primeras comunidades cristianas para que no traicionaran a sus compañeros. Mateo y Marcos la in­corporaron a sus evangelios, poniéndola en boca de Jesús -para dar­le más autoridad- y relacionándola con Judas para que tuviera un marco histórico. Eran tiempos de clandestinidad y de durísimas persecuciones contra los cristianos dentro del imperio romano. A veces, se producían delaciones y cualquier descuido podía ser causa de muerte para alguno de la comunidad. La frase enuncia un principio general que se leería, no como un «infierno» para el individuo Judas, sino como una norma esencial para la colectividad: más vale no haber nacido a la comunidad cristiana si al final se traiciona a los hermanos.

2. Aunque se lavó las manos, Pilato fue el último responsable de la muerte de Jesús, ya que sin su aprobación la sentencia del Sanedrín no hubiera tenido validez. Así consta en la historia y así quedó fijado en la fórmula del Credo de los cristianos: «Padeció bajo el poder de Poncio Pilato». Máximos responsables fueron también las autoridades religiosas de Jerusalén. No fue el pueblo judío el que mató a Jesús. No pudo el pueblo ser el respon­sable de la muerte de quien consideraba su profeta. Todo antisemitismo ba­sado en la idea de que el pueblo judío «mató a Dios», no sólo es injusto, sino también expresión de ignorancia histórica. Sin embargo, esta errada

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