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nada. Los pobres estamos acostumbrados a tragarnos las lágrimas.

Magdalena- ¡Pues eso es lo que tenemos que hacer, caramba, dejar ya de llorar y echar para adelante. Y no lo digo por ti, María; que tú tienes más derecho que nadie para llorar lo que quieras. Pero yo creo que si Jesús estuviera vivo no querría vernos así, mirando al suelo, jeremiquiando. ¡Hay que hacer al­go, hay que seguir luchando!

Santiago- ¡No grites tanto, magdalena! ¿Qué quieres tú? ¿Que te vengan a buscar?

Magdalena- ¡Que me busquen y que me maten a mí también! ¡A mí qué me importa! ¡Él murió por algo que valía la pena! ¡Así que, si es por eso, que me maten a mí también! ¡A mí qué me importa ya nada!

Susana- Pero, hija, ¿qué vamos a hacer ya? Ya todo se aca­bó. Mañana, lavar bien el cuerpo como Dios manda y perfumarlo como él se lo merecía. Y después, volvernos a Galilea. ¡Y que Dios nos asista! Ya no hay nada más que hacer, mucha­cha, no hay nada más que hacer.

Fueron horas tan largas como años las que vivimos aquel Gran Sábado de fiesta, encerrados en el sótano de la casa de Marcos. Las pasamos todos juntos, a ratos callados, a ratos llorando, re­cordando cada palabra y cada gesto de Jesús, reunido ya con su pueblo, en el silencioso reino de los muertos.(1)

Lucas 24,1

1. Jesús murió realmente. Los hechos que ocurrieron después, la afirmación de que Jesús había resucitado, no entraban en el marco de creencias de sus amigos ni de Jesús mismo, que no podían ni imaginar una resurrección individual e inmediata. Una interpretación de estos hechos afirma que Jesús había ya anunciado a sus discípulos que iba a resucitar, pero que ellos no le creyeron (Mateo 16, 21; 17, 22-23; 20, 17-19). En los textos de los evangelios que recogen tres predicciones de su muerte hechas por Jesús, se habla de un plazo de «tres días», después del cual Jesús «resucitará». En arameo «tres días» significa «pronto», «en breve tiempo» porque no existe ninguna palabra equivalente a «varios», «algunos». La frase «al tercer día resucitará» que los evangelistas pusieron en boca de Jesús debe leerse así: «en muy poco tiempo llegará el Reino». Jesús consideró siempre que la llegada del Reino, del final de los tiempos, era algo inminente.

125- EL PRIMER DÍA DE LA SEMANA

Magdalena- ¡Ea, Susana, arriba!

Susana- Ya voy, ya voy.

Magdalena- ¡Salomé!

Salomé- ¡Psst! No hagas bulla, magdalena, vas a despertar a los hombres.

Magdalena- Bah, no se preocupe, éstos no se mueven ni con un terremoto. Mírelos cómo están, durmiendo tan tranquilos.

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