X hits on this document

724 views

0 shares

0 downloads

0 comments

180 / 310

lo veía todo borroso. Y pensé que era el tipo ése que cuida el lugar y le digo: Oiga, paisano, si usted se lo llevó, dígame dónde diablos lo tiene escondido y yo voy a buscarlo. Y entonces... ¡entonces!

Susana- ¿Qué pasó entonces, mi hija?

Magdalena- Que él me dijo: ¡María! Me llamó por mi nom­bre, ¿entienden? Y yo me quedé espantada. ¡Era él! ¡Estoy segura! ¿Quién podía ser si hablaba como él, si se reía igual que él?

Marcos- Vamos, Susana, dale el caldo o prepárale un emplasto para enfriarle la mollera.

Magdalena- ¡No, no, tienen que creerme! Él me dijo: ¡María!(1) Y yo le dije: ¡Moreno! ¡Y me tiré a sus pies!

Marcos- Y él te habrá dicho: Suéltame, que me estás haciendo cosquillas. ¿No es eso?

Magdalena- Él me dijo: Corre, corre y avísales a mis herma­nos, ¡a ustedes, caramba! ¡Diles que si van a Galilea, los espero allá! ¡Y si se quedan aquí, también! Que me verán pronto.

Santiago- ¡En fin, que el guardián del cementerio le ha pegado un susto de muerte a la ramerita!

Magdalena- No, no. Yo lo he visto.(2) He hablado con Jesús antes de venir acá. Susana, Salomé, ustedes fueron conmigo, ustedes vieron aquello vacío, tienen que creerme. ¡Ay, miren, ahí está!

Una sombra pasó rápidamente por el tragaluz del sótano. Todos nos sobresaltamos y la magdalena se lanzó a abrir la puerta. Pero quien entró fue María, la madre de Jesús.

Susana- María, al fin llegas, caramba. ¿Dónde estabas metida?

María no dijo una palabra. Se quedó mirándonos con los ojos radiantes de alegría. Creo que nunca en toda mi vida he visto una mirada tan feliz como aquella.

Susana- Comadre María, ¿qué te pasa? ¿De dónde vienes? ¡María!

Con la boca abierta, sin movernos, todos estábamos pendientes de los labios de aquella campesina, morena y bajita, que era la madre de Jesús. Entonces la magdalena se acercó a ella, la miró mucho, se hundió en sus ojos negros, tan negros como el pañuelo de luto que le cubría la cabeza.

Magdalena- Doña María, usted también lo vio, ¿verdad? ¿Ver­dad que sí?

María- ¡Sí, sí, sí! ¡Lo he visto! ¡He visto a mi hijo! ¡Lo he visto!

Todavía había estrellas en el cielo. Todavía Jerusalén dormía custodiada por el ojo redondo y blanco de la luna de Nisán. Toda­vía era de noche, pero muy pronto iba a amanecer.

¡Despierta, despierta, levántate, Jerusalén!

Document info
Document views724
Page views724
Page last viewedMon Dec 05 04:54:35 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments