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que pregona la salvación,

que nos dice: ¡Ha llegado el Reino de Dios!

¡Rompan a reír y a cantar con alegría,

ruinas de Jerusalén,

porque el Señor ha consolado a su pueblo,

lo ha liberado de su esclavitud!

Lucas 24,12; Juan 20,3-10.

1. La idea de que los dirigentes judíos habían robado el cadáver de Jesús -primera interpretación que dieron los amigos de Jesús a la noticia que trajeron las mujeres de que el sepulcro estaba vacío- era perfectamente lógica. Que Pilato hubiera entregado el cadáver de un ajusticiado político para que recibiera un enterramiento digno sorprendió a las autoridades judías. No era habitual. Por esto, no era raro pensar que algunos quisieran llevar a cabo su última venganza echando el cadáver de Jesús en una fosa común, a donde las leyes del Sanedrín ordena­ban que fueran a parar los delincuentes.

2. En los relatos de la resurrección de Jesús, la aparición a Pedro está anclada en la más antigua tradición cristiana, aunque los evangelios no cuentan cómo habría ocurrido este encuentro. La confesión de fe conservada por Pablo (1 Corintios 15, 1-5) lo menciona especialmente y entre los primeros cristianos era un saludo pascual decir: "¡El Señor resucitó y se le apareció a Simón!" (Lucas 24, 34). Según la teología cristiana, las apariciones que se narran en el evangelio no fueron las únicas y las pocas que se cuentan tratan de resumir una expe­riencia de fe que se habría prolongado a lo largo de un tiempo entre los primeros cristianos.

127- POR EL CAMINO DE EMAÚS

Aquel primer día de la semana, los vecinos de Jerusalén, a pesar de la fiesta del Sábado, se despertaron tristes, perplejos, sin ter­minar de creerse lo que había ocurrido el viernes en la colina del Gólgota. En casi todas las casas de la ciudad se hablaba aún de aquello y de la suerte mala de Jesús, el profeta de Nazaret, asesinado por los gobernantes de la capital. Nosotros estábamos escondidos por miedo a los guardias que seguían vigilando las calles. Desde la primera hora, nuestro sobresalto fue mayor cuan­do Pedro y las mujeres llegaron diciendo que el sepulcro estaba vacío y que habían visto a Jesús.

Marcos- Bueno, acabemos de una vez. ¿Ustedes piensan re­gresar a Galilea o se van a quedar aquí?

Santiago- No sabemos, Marcos.

Pedro- ¡Sí sabemos, Santiago! Nos quedamos. Aquí están pa­sando cosas muy raras. ¡Hasta que no se aclaren, de aquí no se mueve nadie!

Marcos- Pedro, óyeme bien lo que te digo: ¡tranquilízate!

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