X hits on this document

808 views

0 shares

0 downloads

0 comments

189 / 310

Pedro- Te oigo, Marcos, y estoy tranquilo. Digo lo que he visto. ¡Y aunque me arranques la lengua, los dientes y el galillo lo se­guiré diciendo: ¡Jesús está vivo! Pero, ¿es que no comprenden lo que ha pasado, cabezas de alcornoque? ¡Los de arriba no se salieron con la suya! ¡Dios ya le dio la vuelta a la torta! Era lo prometido: los pobres, que éramos siempre los últimos, somos los primeros, ¡y los muertos están vivos! ¡Ya llegó el Reino de Dios! ¡Yo lo he visto!

Marcos- Bueno, bueno, bueno. Siento lo que te pasa, tirapiedras, de veras. Parece que no hay remedio.

Magdalena- Y doña María y yo tampoco tenemos remedio, ¿eh? ¡Vamos, ábranse el coco de una vez! ¡No estamos diciendo men­tiras!

Santiago- ¡No! ¡Están diciendo locuras, que es peor! ¡Y si seguimos así, todos acabaremos viendo angelitos!

Marcos- Está bien, no se vayan a Galilea. Hagan lo que quieran, pero aquí ya queda poco que comer. Voy a comprarles algo. A ver si con un buen plato de garbanzos la cabeza se les pone otra vez sobre los hombros. ¡Vuelvo pronto! ¡Tranquen bien la puerta y no le abran a nadie!

Cerca del acueducto, junto al mercado chico, Marcos se encontró con Cleofás, un viejo amigo suyo. Cleofás era médico.(1) Su nariz ganchuda se doblaba sobre el bigote y un turbante de muchos colores le cubría la calva. En el barrio de Ofel eran muy famosas sus hábiles manos de curandero.

Cleofás- ¿Qué es de tu vida, Marcos, granuja? ¡Cuánto tiempo sin verte el pelo!

Marcos- ¡Caramba, Cleofás, matasanos, digo yo lo mismo! Pero, con lo de estos días... Supiste, ¿no?

Cleofás- Querrás decir lo de Jesús.

Marcos- ¿Y qué más? Ya sabes que soy un buen amigo de los que andaban con él. Esto ha sido muy duro, la verdad.

Cleofás- Parece como si Dios se hubiera olvidado de nosotros. Por acá, la gente está que no levanta cabeza, no hablan de otra cosa.

Marcos- Pues si vieras a los amigos de Jesús...

Cleofás- Destrozados, ¿verdad?

Marcos- No. Locos. Tres de ellos, de remate. La madre, una muchacha de Magdala y Pedro, el que yo más conozco. Trastornados Imagínate, dicen que lo han visto esta mañana y que han hablado con él.

Cleofás- Pobre gente. Con un golpe así...

Marcos- Deberías venir a casa, Cleofás. Tú sabes de yerbas y de emplastos. Están muy mal, créeme. Eso, ¿por qué no vienes hoy a comer con nosotros?

Document info
Document views808
Page views808
Page last viewedThu Dec 08 14:36:39 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments