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¿qué más podía yo hacer

por la viña que planté?

¿qué más le pude yo dar?

Mateo 21,33-46; Marcos 12,1-12; Lucas 20,9-19.

1. Además de los cantores y músicos oficiales que servían en el Templo de Jerusalén, pertenecientes a la clase clerical de los levitas, expertos en distintos instrumentos -flauta, arpa, tambor, trompeta-, había en Jerusalén cantores callejeros, tañedores de cítara o similares.

2. En el Antiguo Testamento, la vid y la viña fueron símbolos usados muy frecuentemente para representar a Israel, el pueblo de Dios (Isaías 27, 1-6; Sal­mo 80, 9-17). «La canción de la viña» (Isaías 5, 1-7) es un poema compuesto por el profeta Isaías al comienzo de su predicación, probablemente con ocasión de la vendimia. Es uno de los textos de mayor altura literaria en el Antiguo Testamento. La uva, cultivo típico de Palestina y de los países vecinos que bordean las costas del mar Mediterráneo, requiere de cuidados especiales. De estas atenciones habló Isaías en su poema.

3. La parábola "de los malos viñadores" se puede leer como una alegoría en la que cada elemento tiene un significado. El dueño de la viña es Dios. La viña es Israel. Los mensajeros enviados por el patrón a recoger los frutos de la co­secha son los profetas. El hijo del amo es el Mesías. Los jornaleros que atropellan a los mensajeros son los jefes religiosos de Israel que, en nombre de una falsa fidelidad a la religión, defienden sus intereses, incluso asesinando. En esta parábola, Jesús habló de la paciencia de Dios para advertir que llegaba a su término.

100- EL JUICIO DE LAS NACIONES

Aquel día, después de subir y bajar muchas colinas, el men­sajero de Dios, con su trompeta bajo el brazo, llegó al valle de Josafat.(1) Con la primavera, el valle estaba todo cubierto de hierba muy verde y un arroyo de agua cristalina corría sin hacer ruido. El mensajero sonrió satisfecho, saludó al sol que aca­baba de despertarse, y comenzó a trepar por la muralla de grandes piedras que se alza junto al valle. Cuando llegó arriba, al pináculo más alto, se apoyó bien sobre la piedra angular, respiró profundamente e hizo sonar la trompeta. Las orejas del mundo se pararon. Los ojos dormidos se abrieron y todos los habitantes de la tierra, desde los grandes hasta los pequeños, comprendieron que había llegado la hora de rendir cuentas a Dios.

Después de tocar la trompeta, el mensajero ahuecó las ma­nos y gritó a voz en cuello...

Mensajero- ¡Aquí todos! ¡Aquí todas! ¡Ea, de prisa! ¡Vengan todos al valle de Josafat! ¡Dios llama a Juicio! ¡Ha llegado el día grande, en que el Señor va a juzgar a todos los pue­blos y a todas

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