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Magdalena- Parece la voz de Marcos, ¿no oyes?

Pedro- Abre tú, Santiago. Con cuidado. Puede ser una trampa.

Cuando mi hermano abrió la puerta, Marcos y Cleofás, empujándola, entraron como un torbellino. Venían empapados en sudor y saltando de alegría.

Marcos- ¡Tenían razón ustedes! ¡Lo hemos visto! ¡Lo hemos vis­to éste y yo!

Pedro- ¡Ajajá! Ahora, ¿verdad? ¡Tráeles la belladona a estos dos, María!

Santiago- Pero, ¿qué cosa es esto? ¿Una jaula de locos? ¿Cómo es posible que un doctor como usted…?

Magdalena- Cállate la boca, Santiago, que hablen ellos. A ver, ¿cómo fue? ¿Dónde fue? ¡Digan!

Cleofás- ¡Escuchen! Nosotros salimos para Emaús por el ca­mino de Jaffa. Íbamos conversando. Como no teníamos prisa...

Cleofás- Es terrible, Marcos. Pobre gente, pero no es para menos. En toda mi vida he visto yo una injusticia mayor que el juicio que le hicieron al nazareno. Es para volverse locos y más.

Marcos- ¿Sabes? Yo conocía a Jesús hacía ya más de un año. Qué tipo, Cleofás. De ésos que los catas a la pri­mera. Un hombre de una pieza. Yo le decía a Pedro: si no es el Mesías, está muy cerca.(3) Dios estaba con él, Cleofás. Y los pobres de este país también. Era de los nuestros.

Cleofás- No tenía que haber muerto. Ya ves, lo que son las cosas: la yerba mala no se muere y a los que sirven, nos los quitan enseguida.

Marcos- Este pueblo está dejado de la mano de Dios. No se puede esperanzar uno con nada, caramba.

Marcos- Y así, conversando y conversando, llegamos a la altura de Gabaón. Y en una de las vueltas del sendero, vemos a un paisano que también iba con su bastón de camino.

Cleofás- Se nos arrimó y enseguida se metió en la conversación. Dice el paisano: Van ustedes con cara tristona. ¿Qué? ¿Les pasa algo?

Marcos- Le dije que íbamos hablando de Jesús. Y el paisano, así como lo oyen, que no sabía nada de lo que había pasado aquí el viernes.

Marcos- Pues serás tú el único peregrino que ha estado en Jerusalén y no se ha enterado.

Cleofás- Sí, hombre, lo de Jesús. ¿Cómo no vas a sa­berlo? Si desde el día del alboroto en el templo no se ha hablado de otra cosa en la ciudad.

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