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Vieja- Oiga, abuela, ¿y dónde está esa nube, porque hoy el cielo está más limpio que el bolsillo de un pobre?

No había una sola nube en el horizonte. Azul como un zafiro, el cielo galileo se confundía con el agua del lago. El sol, subiendo desde las estepas de Galaad, brillaba radiante.

Cleto- Dime una cosa, Bartolo, ¿tú de veras te crees ese lío de que a Jesús el nazareno lo colgaron en una cruz y luego salió otra vez vivo de la tumba?

Bartolo- Mire, compadre, de que lo mataron, lo mataron, eso sí que lo sé yo porque mi tío Miqueas estaba en la capital cuando las fiestas y lo vio todo con sus propios ojos. Pero de lo otro ya no estoy tan seguro.

Cleto- A las lagartijas les cortan el rabo y siguen coleando. Pero al que le cortan la cabeza o lo clavan en una cruz, no se mueve más.

Vecina- Pues Pedro y Andrés y los hijos del Zebedeo, dicen que lo han visto vivo. Que fue que Dios se puso furioso con la sentencia de Poncio Pilato y dijo: ¡De ninguna manera! Y entonces, metió la mano y lo volvió a sacar vivo de la tumba, para darles en la cabeza a todos los sinvergüenzas que lo mataron, ¿comprendes?

Cleto- ¿Y eso no será un cuento de Pedro y los demás, vecina?

Vecina- Bueno, yo no sé, eso es lo que ellos dicen, pero... Oye, por cierto, ¿y dónde están metidos esos pillos? ¿No han venido?

Bartolo- Sí, yo vi a Felipe, y al pelirrojo Santiago. Por ahí andarán...

Por ahí andábamos, mezclados con todos. Nunca supimos quién echó a rodar la voz de que Jesús se iba a aparecer en el monte. Pero, por si acaso, allá fuimos los once del grupo y también las mujeres.

Juan- ¿Qué crees tú de todo este lío, Pedro?

Pedro- No sé ni qué decirte, Juan. Aquí hay algo raro.

Juan- La gente anda diciendo que Jesús viene esta vez pero para despedirse, que ya no lo volveremos a ver nunca más. ¿Que te parece? ¿Será verdad eso?

Pedro- Lo que te digo es que en todo esto hay algo raro. Por­que mira, cuando nosotros vimos al moreno las otras veces, cómo te diré, era distinto.

Vendedor- ¡Pastelitos, pastelitos! ¡A los ricos pasteles de miel con queso! ¿Quiere probar uno, paisano?

Juan- Ahora no, viejo, más tarde.

Pedro- No sé, Juan, era distinto. Por lo pronto, no había pastelitos.

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