X hits on this document

833 views

0 shares

0 downloads

0 comments

21 / 310

que adoraron nuestros padres y a un dios desconocido que no sabemos aún cómo se llama.

Y también entraron los griegos, con sus túnicas blancas, tan blancas como las columnas de mármol con que embellecieron sus templos.

Romano- Nosotros venimos de Roma, la dueña del mun­do. Siete colinas nos vieron nacer y una loba nos amamantó. Somos un pueblo guerrero. Nuestro dios fue Marte, con su casco militar y su lanza. Los otros dioses no nos interesaron mucho, ésa es la verdad.

Y los romanos, como un gran ejército, atravesaron el valle y se sentaron sobre la yerba. Iban cubiertos con capas rojas, rojas como la sangre de tantos inocentes que fue derramada por sus emperadores. Y era un centenar de naciones y un millar de pueblos que acudían desde las cuatro puntas de la tierra y se apretujaban en el valle de Josafat, cada uno con el color de su religión, cada uno preguntando por su dios. Entonces se presentó otro pueblo, una nación pequeña.

Mensajero- Eh, ustedes, ¿quiénes son? ¿De dónde vienen y a dónde van?

Judío- ¿Acaso no nos conoces? Somos los hijos de Abraham, de Isaac y de Jacob. Venimos de la Jerusalén de la tierra y vamos de camino hacia la Jerusalén celestial.

Mensajero- Pues tienen que esperar. Aquí se va a celebrar el gran juicio.

Judío- ¿Esperar qué? Nosotros estamos circuncidados en el nombre del Dios de Israel, el único dio verdadero. ¿Dón­de está Yavé, el dios de nuestros padres? ¡Responde!

Pero el mensajero no respondió. Solamente señaló el valle. Y los hijos de Israel, como un rebaño buscando su pastor, también entraron y se colocaron, como todos, alrededor de la datilera. Iban cubiertos con túnicas de rayas negras y blancas, 613 rayas, tantas como los mandamientos que tiene la ley de Moisés.

Mensajero- A ver, los del fondo... Vamos, vamos, dense prisa. El juicio va a comenzar. ¿Y quiénes son ustedes, si se puede saber?

Ateo- ¿Nosotros? Bueno, nosotros somos... gente.

Mensajero- ¿A qué dios adoraron durante la vida?

Ateo- A ninguno. Nunca creímos en estas cosas.

Mensajero- ¿Y a qué han venido entonces?

Ateo- Eso mismo decimos nosotros. Pero, en fin, ¿qué va­mos a hacer si nos empujaron hasta aquí?

Mensajero- Pues pasen y siéntense. Dios los espera.

Ateo- ¿Dios? ¿Qué dios? ¿Cuál de ellos?

Pero el mensajero no dijo nada y señaló hacia el centro del valle, donde muy pronto se sentaría el gran rey para juzgar a todas las

Document info
Document views833
Page views833
Page last viewedFri Dec 09 06:01:54 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments