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el Rey de Israel, un poderoso Salvador.

Lucas 1,26-38

1. Contar los hechos de la infancia de Jesús al final de su vida permite entender mejor el origen que tuvieron estos relatos en los evangelios de Mateo y Lucas. Ni Marcos ni Juan cuentan absolutamente nada de la in­fancia de Jesús.

Los evangelios no fueron escri­tos en el orden de capítulos en el que se leen hoy. El relato de la pasión y muerte de Jesús fue lo primero en ponerse por escrito. Después se fueron añadiendo los relatos de las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos -cada evangelista eligió algunos-. Se consideraba que los hechos de la muerte y resurrección de Jesús constituían la esencia de la fe cristiana. Eran, además, los que habían quedado más vivos en la memoria de mayor número de gente. Posteriormente, se fue estructurando una vida de Jesús basada en las distintas etapas de su actividad profética: en Galilea, en Jerusalén, frases, discursos, curaciones. Esta estructura no es la misma en los cuatro evangelios. Sólo al final de la redac­ción, tanto Mateo como Lucas añadieron a esta historia de Jesús adulto algunos relatos para ilustrar su infancia. Y así, lo que se lee primero en estos dos evangelios fue lo último en escribirse.

Es muy posible que de los primeros años de la vida de Jesús, de cómo fue o de lo que hacía, casi nadie supiera nada cuando los evangelios se escribieron. Ninguno de los discípulos de Jesús o de los primeros cristianos había estado cerca de él en aquellos años. Hasta que fue al Jordán a ver a Juan el Bautista, la vida de Jesús no tuvo ningún relieve especial, nada que la distinguiera de la vida de muchos de sus paisanos. Pero después que comenzó a anunciar el Reino de Dios y sobre todo, después de su muerte y de la experiencia que de su resurrección tuvieron los discípulos, éstos comenzaron a interesarse por conocer más cosas sobre su vida.

Pudo ser María, la madre de Jesús, quien narrara a los evangelistas la infancia de su hijo. Pero, tanto Lucas como Mateo no quisieron reflejar en los acontecimientos de la infancia hechos históricos exactos. Ya de entrada, buscaron orientar al lector sobre cuál iba a ser el destino de aquel niño. Por eso, al escribir, utilizaron recursos literarios típicamente orientales y bíblicos: ángeles, señales, sueños, profecías del Antiguo Testamento que se van cumpliendo, estrellas, revelaciones, magos. Dibujaron un escenario "maravilloso" para que los lectores comprendieran quién había sido Jesús.

2. En los tiempos de Jesús y en la mayoría de los países de Oriente era el padre quien decidía con quién habían de casarse sus hijas. En Israel esto sólo era válido antes de que la muchacha cumpliera doce años. A partir de esta edad, era necesario el consentimiento de la hija para concertar el compromiso. En cual­quier caso, la dote del matrimonio, era siempre responsabilidad del padre de la muchacha.

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