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engendraron. Cuando Lucas escribió su evangelio tuvo presentes todas estas historias del Antiguo Testamento y elaboró un relato que las evocara. María no conoce varón, es virgen, y a pesar de eso va a tener un hijo, que viene de Dios y que será el mayor don de Dios a la historia humana.

6. En el nombre del abuelo Isaías hay un símbolo, igual que Lucas creó un símbolo en el ángel Gabriel. Isaías fue el profeta que anunció 800 años antes de Jesús a un niño que traería a Israel la paz y la justicia, un niño que se llamaría Emmanuel, que significa «Dios con nosotros» (Isaías 7, 13-14; 9, 5-6).

132- DE VISITA EN AIN KAREM

Reunidos en casa de Marcos, durante aquellos días anteriores a la fiesta de Pentecostés, le hacíamos muchas preguntas a María, la madre de Jesús, y ella nos iba contando los recuerdos antiguos de cuando era muchacha, de cuando Dios comenzó a cumplir las promesas hechas a Abraham.

María- Cuando mi madre Ana se enteró de que yo estaba en estado, ay, caramba, se llevó las manos a la cabeza, gritó, lloró, me dijo mil cosas y una más. Ahora me río, pero en aquellos días…

Ana- ¡Ay, qué vergüenza! ¡Ay, María, mi hija, qué humi­llación! ¡En una familia como la nuestra! ¡Desde los tata­rabuelos, que se sepa, no hubo nunca ninguna mancha! ¡Y ahora tú!

María- Pero, mamá, ya te dije que esto es cosa de Dios.

Ana- De Dios, sí. ¡Primero metemos la pata y luego le endilgamos a Dios el resbalón!

María- Mamá, por Dios, tienes que creerme.

Ana- ¡No, no, no! ¡No empecemos otra vez ni me digas más! Parece mentira que una niña como tú, decente, bien criada...

María- Mamá, tengo quince años, ya no soy una niña.

Ana- Ya lo veo, ya lo veo. ¡Lo que eres es una desver­gonzada!

María- Mamá, yo... yo...

Ana- Bueno, bueno, no llores más, mi hija. ¡Ay, Señor, cómo saldremos de este lío, Dios santo! Mira, María, sea lo que sea, tienes que irte de Nazaret. Esta aldea es muy pequeña y los vecinos tienen una lengua que se la pisan. Te irás a casa de unos parientes que tenemos en el sur. Des­pués, cuando nazca la criatura, vuelves con ella y ya veremos lo que decimos, que te lo encontraste en un canasto como Moisés o cualquier cosa.

María- Yo no puedo irme de aquí, mamá. José y yo vamos a casarnos. Yo quiero estar a su lado. Es mi novio.

Ana- Y si se entera de esto, dejará de serlo. Y es capaz de matarte a pedradas. ¡Y razón tendría!

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