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nacimiento «milagroso» de Samuel (1 Samuel 1, 1-28). Isabel y Ana, la madre de este profeta, eran estériles cuando quedaron embarazadas.

133- UNA NOCHE DE DUDAS

Abarrotada de peregrinos, Jerusalén esperaba con alegría la fiesta de la cosecha, ya próxima. Los once del grupo y las mujeres, reunidos por aquellos días en casa de Marcos, escuchábamos a María, la madre de Jesús, que iba sacando recuerdos de su memoria, como el que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas.

María- Pueblo chico, infierno grande, así dicen. Y es verdad. Porque en Nazaret no se podía estornudar sin que todo el mundo se enterara del catarro. Claro, ya ustedes se pueden imaginar, éramos apenas unas veinte familias. Y aunque mi madre me había mandado a la otra punta del país para evitar habladurías, la lengua de los vecinos no se quedó quieta.

Vecina- ¿Que tú no sabes nada? ¡Ay, muchacha, pero tú estás en las nubes! ¡La hija de Joaquín! Sí, sí, la Mariíta ésa que parecía tan mosquita muerta.

Comadre- ¿Y qué pasa con ella, dime, cuéntame?

Vecina- ¿Qué pasa? ¡Que está como el pan! ¡Le echa­ron levadura y está creciendo la masa!

Comadre- ¡Bendito Señor, qué escándalo, qué poca vergüenza! Y mira que también el Joseíto ése no perdió tiem­po, ¿eh?

Vecina- No, muchacha, qué va, a ése mejor tenerla lástima. "Si te ponen los cuernos, lararó, lararí..."

Murmuraban las mujeres y murmuraban también los hombres…

Vecino- Ya decía yo que esa morenita era demasiado alegre. Mucha risa, mucho baile, mucho juego y claro, ¡después viene el otro juego!

Compadre- ¡Y yo le digo a usted que si fuera hija mía le daba una tunda de palos que le dejaba el trasero más colorado que el Mar Rojo!

Vecino- ¡Así mismo es! Y yo pregunto, compadre, ¿qué ha dicho el novio? Porque tengo entendido que esa barriga no es suya. ¿Qué piensa hacer José? ¿Ya estará reco­giendo piedras, ¿no es eso?

Vecino- Bueno, lo primero es que se entere. El pobre muchacho está en ayunas. Sí, sí, como lo oye. El José no sabe nada todavía...

Como siempre pasa, José fue el último en enterarse…

José- Pero, ¿qué está pasando aquí? ¿Tengo yo la lepra para que nadie se me arrime? Voy caminando y todos vuelven la cara. Voy al trabajo y una riéndose y la otra cuchicheando. ¡Maldita sea, ¿qué demonios pasa conmigo?

Vecino- Contigo no pasa nada, muchacho. La cosa es con ella, con tu novia.

José- ¿Con María? ¿Qué le pasa a María? Habla, di.

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