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José se mordía la lengua para que sus hermanos no lo oyeran llorar. Se apretó los ojos con los puños, pero las lágrimas le subían a la garganta como un río salado.

José- Me has roto el corazón, María, me lo has partido como un jarro de alfarero, que ya no tiene arreglo. ¿Por qué me hiciste esto?

José dio media vuelta en la estera, se arrebujó en la manta y trató de dormir. Pero el sueño se le escapaba como agua entre las manos.(2)

José- No, yo no puedo irme sin verte antes. Tengo que verte, aunque sea para que me digas lo que ya sé. Anda, sé valiente y dímelo tú, mirándome a la cara. ¡Sí, sí, tengo que verte!

José se sentó en la estera. A pesar de la brisa de la noche, tenía la frente bañada en sudor.

Madre- ¿Te pasa algo, José, hijo?

José- No, mamá, nada, que no tengo sueño...

Se ahogaba. No cabía en la casa. A tientas se levantó, se echó encima la túnica y, sin despedirse de su ma­dre, abrió la puerta y se fue. No llevaba alforja ni bastón y el camino era muy largo. Pero no le importaba. Tenía que llegar cuanto antes a Ain Karem, donde yo estaba vi­viendo aquellos meses. Después de dos días de camino, llegó a los montes de Judá y vio a lo lejos la aldea. Se detuvo. El corazón le traqueteaba en el pecho. Respiró hondo y apuró el paso hasta la casita de mis tíos. Yo lo vi llegar…

José- ¿No es aquí donde vive...?

María- ¡José!

José- ¡María!

José se quedó pasmado en el marco de la puerta, frente a mí, con los ojos clavados en mi vientre ya crecido.

María- José, ¿qué haces tú aquí?

José- Vine a verte.

María- Pues... ya me estás viendo.

José- Sí, ya veo... ya veo...

María- Estoy esperando un hijo, José.

José- Y yo estoy esperando una palabra tuya, María. Después... después me iré y nunca más sabrás de mí.

Tía Isabel apareció enseguida. También ella había visto llegar a José…

Isabel- ¡Tú no te vas a ningún lado! ¡Y antes de ponerse tan sombrío, salude a la gente! ¡Caramba con estos jóvenes de ahora! Llegan a tu casa y como si una fuera un saco de harina. Tú eres José, ¿verdad? Estoy segura, se te ve en la cara. ¿Y qué? ¿De visita por aquí?

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