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Ana- Bueno, yo no sé si traía olivo o mejorana, pero sí sé que vino volando la paloma y se posó en la cabeza del niño.

Vecino- ¿Y qué quiere decir ese sueño, doña Ana?

Ana- Pues mira tú, si este niño hubiera sido hembrita, como era mi deseo, le pondríamos por nombre Paloma.

Boliche- Pero nació macho. Entonces... ¡Palomino!

Joaquín- ¡Qué Paloma ni Palomino! Yo digo que los hijos deben seguir el buen sendero de los padres... o de los abuelos.

Susana- Es decir, que don Joaquín quiere que se llame como él.

Boliche- Sí, hombre, a ver si se le pega algo de su tacañez… ¡digo, de su honradez!

Vecino- Pues yo, con el perdón de ustedes, y viendo cómo están los tiempos, que están malos, yo le pondría un nombre romano. Algo como Julio... o Aurelio. Sí, us­tedes dirán lo que quieran, pero así, cuando empiece la escabechina contra nosotros a lo mejor a éste lo confunden y se salva.

Boliche- ¡Bah, cállate la boca, cobarde vendepatria! Y olvídate de eso, que cuando se desenvainen las espadas, aquí no se va a salvar ni Dios. No, no, nada de nombres ro­manos. Yo tengo una idea mejor. Que se llame... Casi-miro.

Susana- ¿Cómo dijiste?

Boliche- Casimiro.

Joaquín- ¿Y se puede saber, Boliche, por qué quieres po­nerle un nombre tan extrañísimo?

Boliche- Bueno, pues... Ca-si-mi-ro. Porque yo he estado haciendo mis averiguaciones y «casi-miro», ¡pero no acabo de «ver» quién es el papá de esta criatura!

Cuando Boliche dijo aquella impertinencia, José le saltó encima como un gato furioso.

José- ¡Te rompo la cara! ¡Te destripo!

Hombre- ¡Sepárenlos, sepárenlos!

Ana- ¡Demonio de muchachos, no respetan ni a las mu­jeres recién paridas! ¡Ea, largo de aquí todos! ¡Fue­ra, fuera! Las visitas en otro momento, que esta hija mía viene muy cansada del viaje. ¡Hace solamente una se­mana que dio a luz!

Joaquín- En eso, en eso mismo estaba yo cavilando, mu­jer, que ya mañana se cumplen los ocho días y todavía no hay nada preparado. Eh, José, ¿qué dices tú? Vamos, hombre, olvídate de esa zanganada de Boliche. A la pala­bra del necio, el oído del sordo.

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