X hits on this document

920 views

0 shares

0 downloads

0 comments

26 / 310

Los grupos zelotes se negaron a pagar. Muchos simpatizantes y otros inconformes se amotinaban a diario en las puertas de la ciudad de David, vociferando contra Roma y echando abajo las mesas de los recaudadores.

Aquella tarde, José Caifás, sumo sacerdote del Templo de Jerusalén y máxima autoridad religiosa de nuestro país, entró apresuradamente en el palacio del gobernador romano Poncio Pilato.(3)

Pilato- Ilustre Caifás, en nombre de Roma le presento una vez más mis respetos.

Caifás- Y yo los míos, gobernador. Hace un momento recibí su invitación y aquí me tiene. He dejado todos los demás compromisos.

Pilato- Supongo que ya sabrá de qué se trata, excelencia. Desde las ventanas de su palacio en el monte Sión se oyen igual que desde aquí las protestas de ese grupito de fanáticos que no respeta la ley ni la autoridad. ¿Ha pensado usted en alguna solución para enfriar esas cabezas calientes?

Caifás- Perdone mi atrevimiento, gobernador Pilato, pero... ¿no le parece algo excesiva la suma de seiscientos talentos de oro para una provincia pobre como la nuestra?

Pilato- Me extraña que usted, sumo sacerdote Caifás, me haga esa pregunta. Precisamente usted que sabe igual que yo los enor­mes gastos del imperio, el dinero que hace falta para equipar un ejército como el nuestro, requisito indispensable para asegurar el orden y la paz romana. Usted sabe lo costoso que ha sido la construcción y el mantenimiento del acueducto.(4) ¡Y más costoso aún mantenerlo a usted y a su familia sentados en el Sanedrín!

Caifás- Comprendo, gobernador, comprendo y créame que me hago cargo perfectamente de todos los sacrificios que usted ha hecho por nuestro país. Pero, a pesar de eso...

Pilato- ¡A pesar de eso, nada! ¡Lo dicho, dicho está! ¡Seiscientos talentos de oro! ¡Si ustedes los jefes de este pueblo de mulas tercas no consiguen recolectar ese dinero, lo pagarán de su propio bolsillo! Y si no quieren, iré yo personalmente al Tesoro del Templo, escupiré en el altar y sacaré de allí lo que haga falta. ¿Está claro, excelencia?

Caifás- Claro, claro, gobernador. Perdone si no supe explicarme bien. En fin, no quise ofenderle ni tuve la pretensión de alterar sus nervios...

Pilato- Pues lo consiguió sin pretenderlo.

Caifás- Daré orden ahora mismo a los magistrados del Sanedrín para que...

Pilato- ¡Las órdenes las doy yo! Usted lo que tiene que hacer es tranquilizar al pueblo. Para esa gentuza, usted, el sumo sacerdote, es la figura de Dios en la tierra. Cuando ellos ven su cogote, es

Document info
Document views920
Page views920
Page last viewedSun Dec 11 12:55:13 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments