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continuaban su instrucción. La enseñanza no era sólo un aprendizaje mecánico de unir palabras y frases, sino un modo de familiarizar a los pequeños con la histo­ria del pueblo, la tradición de sus mayores y las leyes de Dios. El ideal era que al terminar su instrucción básica el joven supiera de memoria casi todas las Escrituras.

3. De lo que fue la vida de Jesús durante los largos años de su infancia, su adolescencia y su juventud no dice nada el evangelio. Sólo el relato de Jesús a los doce años perdido en el Templo de Jerusalén rompe este silencio. Esto indica que la vida de Jesús no tuvo absolutamente nada de espe­cial durante este prolongado período de tiempo. El evangelista Lucas dice únicamente que «el niño crecía en edad, en sabiduría y en gracia» como cualquier ser humano.

140- PERDIDOS EN EL TEMPLO

Aquel verano, esperando la fiesta de Pentecostés y conversan­do de mil cosas, María nos contó lo que pasó la primera vez que Jesús vino a Jerusalén.(1) Había cumplido ya los doce años y, se­gún las costumbres de Israel, a esa edad los muchachos varones subían a comer la Pascua en la ciudad de David.(2)

José- ¡Cómo pasan los años, Dios santo! ¡Pensar que este mocoso ya puede entrar en el Templo y hasta leer las Escrituras!

María- ¡Ya eres mayor, Jesús!

Vieja- Pues que se note, que se note, que este niño tiene encima más maldades que piojos! ¡A ver si en la capital te sale el juicio por algún lado!

María- Salimos de Nazaret con otras familias unos días antes de la Pascua. Después de unas millas, nos unimos a los peregrinos que venían de Caná y de Naím.(3) Entre aque­llos paisanos viajaban varios muchachos de la edad de Jesús. Y enseguida se hicieron amigos. Me acuerdo que uno era pelirrojo y larguirucho y el otro un gordito. Como ellos tenían las piernas más ligeras, se nos fueron delante.

Quino- Dicen que en Jerusalén hay un sitio grande don­de corren caballos y apuestan mucho dinero.

Tonel- A mí me contaron que hay una plaza en la que juegan al concurso de pichones. ¡Eso tenemos que verlo, Jesús!

Jesús- Yo lo que quiero es llegar de una vez. Óigame, señor, ¿ya estamos cerca de la ciudad?

Viejo- En una hora o así la veremos, muchacho, desde un recodo que hace el camino.

Jesús- ¿Oyeron? ¡Ea, vamos a echar una carrera para ser los primeros!

Viejo- ¡Cuidado con los barrancos, muchachos, el camino es peligroso! ¡Ay, Dios, qué niños éstos más atolondra­dos!

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