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bandoleros. Se viajaba a pie y cuando se avistaba ya Jerusalén, los peregrinos cantaban los «salmos de las subidas» (Salmos 120 al 134).

4. Cuando Jesús fue a Jerusalén por primera vez, a los doce años, aún se estaba terminando de reconstruir el Templo, obra comenzada por el rey Herodes el Grande unos 20 años antes. Para la reconstrucción del Templo se adiestró en albañilería a mil sacerdotes, para que pudieran ser ellos, los consagrados a Dios, los constructores del sagrado edificio. Los materiales que se emplearon fueron de gran calidad: mármoles amarillos, negros y blancos, piedras talladas artísticamente por grandes escultores, maderas de cedro traídas desde el Líbano con las que se hicieron artesonados maravillosos, metales preciosos -oro, plata y bronce-.

Por cualquier parte que uno entrara en el Templo atravesaba portones recubiertos de oro y plata. En los atrios o patios que rodeaban el edificio había grandes candelabros de oro y en cualquier rincón se veían objetos sagrados de oro o de plata. La ma­yor suntuosidad estaba, sobre todo, en el santuario, parte central del Templo. La fachada era de mármol blanco y estaba recubierta de placas de oro del grosor de una moneda de un denario. De las vigas del vestíbulo colgaban grue­sas cadenas de oro. Había allí dos mesas: una de mármol finísimo y otra de oro macizo. Desde el vestíbulo del edificio hasta el «Santo» se extendía una parra, en la que los sarmientos eran de oro y a la que se le iban añadiendo racimos de uvas de oro puro.

5. El altar del Templo de Jerusalén se llamaba también el «Santo». Era un lugar reservado sólo a los sacerdotes que estaban de turno cada día para ofrecer los sacrificios y constituía una falta gravísima entrar allí. En el «Santo» estaba el candelabro de oro macizo de siete brazos, la mesa donde se conservaban los panes sagrados y el altar del incienso. Separado por un doble velo de este lugar, estaba el llamado «Santo de los Santos», espacio totalmente vacío, de forma cúbica, con paredes recubiertas de oro, donde estaba "la presencia de Dios". Era un lugar silencioso y oscuro. En él sólo podía entrar el Sumo Sacerdote a quemar incienso una vez en todo el año, el Día de la Expiación, cuando se rogaba a Dios que perdonara los pecados de todo el pueblo. Para los israelitas era el lugar más sagrado de toda la tierra.

6. Lucas es el único evangelista que nos ha transmitido el relato de Jesús perdido en el Templo a los doce años. Lucas escribió su evangelio para los extran­jeros, para los no judíos, hombres y mujeres con una mentalidad fuertemente influida por la cultura griega. A estos lectores, la «sabiduría» en la relación maestro-discípulo les inspi­raba admiración y respeto. Lucas compuso este relato para expresar a sus lectores que Jesús es la Sabiduría de Dios, que su misión fue enseñar el camino de la justicia, que fue el Maestro por excelencia. Así, en este texto, además de dar el dato histórico del primer viaje de Jesús a Jerusalén a los doce años, elaboró un mensa­je teológico e hizo una catequesis para lectores griegos. En las restantes páginas de su evangelio Lucas explicará de

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