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María- Yo se lo dije, Susana, que era muy peligroso es­conder a esos tipos. Los romanos no perdonan.

Susana- Bueno, bueno, ahora a descansar. Y le das algo caliente dentro de un rato, María. Y que no se mueva, ¿eh?

Desde aquel día José ya no se sintió bien. Se levantaba, seguía trabajando, pero por las noches se derrumbaba en la estera como si no pudiera ni con su alma.

María- José, así no puedes seguir. ¿No quieres que le avise al médico de Caná, que venga a verte?

José- ¿Y con qué le pagamos, mujer, si no tenemos ni para las lentejas? No te preocupes. De veras, ya no me duele tanto.

Pero los días pasaban y José no se ponía mejor.

María- Jesús, hijo, tu padre está malo. Estoy muy angustiada. El dice que son las fiebres…

Jesús- Fueron los golpes, mamá. ¡A papá lo reventaron esos soldados! ¡Pero ya la pagarán, te juro que la pagarán!

María- Busca al médico, hijo. Mira, llévate las dracmas de la boda... Otra cosa no tengo. Véndelas y con eso le pagas. Ve pronto, anda.

El médico vino, pero José no se alivió. Y los días siguieron corriendo uno sobre otro.

María- ¿Te sientes mejor, José?

José- Sí, hoy me siento bastante bien. Por lo menos, no tengo ese dolor aquí en los riñones. ¡Y hasta tengo ganar de comer! ¡De comer y de pelear, caramba!

Jesús- Pues yo estoy preparado, papá. Cuando te levan­tes, ya iremos…

José- ¿Iremos a dónde, Jesús?

Jesús- A vengarnos de lo que te hicieron. Quico y yo averiguamos dónde están esos dos soldados.

José- Pero, ¿qué estás diciendo, muchacho?

María- ¡Jesús, te lo suplico, deja eso, no te metas en nin­gún lío! ¡Ay, Dios santo!

Jesús- ¿Anjá? ¿Y nos vamos a quedar así? Vienen y te patean en tu propia casa, insultan a tu madre, matan a golpes a tu padre, ¿y se va a quedar uno con los brazos cruzados? La ley dice «ojo por ojo y diente por diente». ¿0 no?

José, acostado en la estera, sobre el suelo de tie­rra de la choza, miró a Jesús con sus ojos negros y ojerosos…

José- Escúchame, hijo: la ley dice eso, sí. Pero desde que Moisés escribió esa ley, ¿tú crees que ha habido menos ojos saltados

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