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y menos dientes rotos? No, al contrario. Porque el fuego se apaga con arena y no con más fuego.

Jesús- Pero, papá, entonces...

José- Hay que buscar otro camino, hijo. Y, para eso, lo primero es sacarte la violencia del pecho. No guardes odio, Jesús. El que odia, se hace esclavo de su propio odio. Y yo te quiero ver libre, muchacho. Sí, lucha, pe­lea, defiende a los tuyos, saca la cara por todos los que lo necesitan, pero no tomes venganza. Y déjalos a ellos, que los violentos acabarán todos como el alacrán, que se clava su propio veneno.

Susana- Bueno, lo que hay que dejar ahora son esas conversaciones medio sombrías, que este nazareno ya está bueno y sano. Vamos, María, vete lavando la ropa, que el marido tuyo se levanta mañana o pasado.

Pero no, no se levanto más. Fue un sábado, a media mañana, con un sol brillante sobre la aldea, cuando murió. Jesús y yo, y todos los vecinos de Nazaret estábamos a su lado. Y lo llo­ramos como se llora a los hombres justos. No, no me pidan que les cuente más porque me pongo muy triste. Yo lo quería tanto... Cuando murió pensé que se me acababa el mundo. Jesús también lloró mucho aquel día. Creo que José le enseñó a él cosas importantes: le enseñó a trabajar la tierra, a levantar los ladrillos... Le enseñó, sobre todo, a luchar. A luchar y a perdonar.(5)

1. Judas el Galileo fue el fundador del movimiento zelote. En los años del nacimiento de Jesús, este revolucionario organizó la oposición al censo ordenado por Roma. Después, durante la juventud de Jesús protagonizó un gran levantamiento contra el poder romano. Con­quistó la ciudad de Séforis, a pocos kilómetros de Nazaret, que era entonces la capital de Galilea y el principal centro comercial de telas del país. Allí se hizo fuerte con un importan­te grupo de guerrilleros. Quintilio Varo, legado romano en Siria, aplastó a sangre y fuego aquella revuelta. Séforis fue reducida a cenizas y cientos de zelotes fueron crucificados en la ciudad. Para el movimiento revolucionario, el golpe fue duro y tardaron algunos años en reorganizarse. A pesar de la continua represión contra los zelotes, hasta el año 70 después de Jesús el movimiento no fue de­finitivamente liquidado por los romanos, pues era muy importante el apoyo que le daban los campesinos galileos y las clases más po­bres de la sociedad de Israel. Herodes Antipas reconstruyó Séforis. Los dos hijos de Judas el Galileo fueron crucificados por los romanos.

2. Las tropas romanas, junto a las del rey Herodes, mantenían el orden y la «paz» en los revueltos campos de Galilea. Lo hacían con la soberbia propia de los ejércitos ocupantes, que se sienten dueños de la vida de la población sometida. Con esta prepotencia, eran fre­cuentes las violaciones, los apaleamientos y el saqueo de los bienes de los cam­pesinos.

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