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Jesús- Pues si tú no me das un denario, yo no puedo pagar nada, aunque lo mande el arcángel Rafael.

Fariseo- No te vas a escurrir tan fácil, nazareno. Mira, aquí tie­nes el denario. Tómalo, es tuyo. Te lo regalo.

Uno de los sacerdotes sacó de su túnica un denario de plata y se lo dio a Jesús. El sol hizo brillar la moneda sobre su mano callosa.(7)

Fariseo- Y ahora, ¿qué?

Jesús- ¿Cómo que ahora qué?

Fariseo- Ya tienes el denario que necesitabas. ¿Qué vas a hacer con él?

Jesús- Bueno... estaba pensando comprar un denario de pan con esta limosna que ustedes me han dado.

Escriba- Ese denario te lo dimos para que pagues el tributo. Queremos verte frente a la mesa de los impuestos pagando tu con­tribución al César.

Jesús- Pues me verán frente a la panadería. Seguro que el César ya comió, pero yo todavía no he desayunado.

Fariseo- Quieres dártelas de chistoso, Jesús de Nazaret. Pero el César de Roma no se ríe. El emperador Tiberio es quien ha ordenado el pago de estos nuevos impuestos.

Jesús- ¿Y qué tengo que ver yo con ese emperador Tiberio?

Escriba- ¿Que qué tienes que ver? Nuestro país está bajo el dominio de Roma. Todos los israelitas estamos bajo el dominio del César de Roma.

Jesús- Estarás tú. Yo no. Yo no doblo la rodilla ante ese tal Ti­berio ni ante ningún hombre.

Fariseo- Tiberio es el César. Y el César es la autoridad suprema en la tierra.

Jesús- Tiberio es un hombre como tú y como yo. Y la única autoridad es la del cielo. El único jefe, el único emperador es Dios. No hay otro. Y nadie en este mundo tiene derecho a llamarse rey ni padre porque hay uno solo, el de arriba, y todos los demás somos hermanos y hermanas y valemos lo mismo.

Escriba- ¿Cómo puedes hablar así? Los gobiernos son puestos por Dios. Los gobernantes hacen las veces de Dios para el pueblo.

Jesús- ¿No me digas? ¡Pues mira tú, lo que es los gober­nantes de por acá no hacen otra cosa que abusar del pueblo y cargarnos de impuestos y más impuestos para chuparnos el poco dinero que nos queda! ¡Y después todavía tienen el descaro de llamarse bienhechores del país!

Escriba- Mide tus palabras, nazareno. El que se rebela contra el César se rebela contra Dios.

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