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María- Estoy pensando en lo que haría Jesús si estuviera aquí con nosotros.

Felipe- ¡Yo no sé lo que haría él, pero lo que es yo…!

Magdalena- ¡Yo sí sé lo que haría el moreno! Jesús nunca dio un paso atrás. Pero nosotros andamos como los cangrejos, caramba!

Salomé- Yo digo lo mismo que la magdalena, porque si nosotros...

Pedro- ¡Bueno, bueno, lo que quieran decir, lo dicen por el ca­mino! ¡Ahora no es momento de hablar sino de brincar la tapia y largarnos de aquí! ¡Vamos, Santiago!

Magdalena- ¡Váyanse ustedes si quieren! María y yo nos quedamos, ¿verdad, doña María?

María- Claro que sí, muchacha, no faltaría más.

Salomé- ¡Pues yo también me quedo! ¡Que en la familia de los Zebedeos tenemos sangre en las venas y no agua dulce!

Felipe- Pero, vengan acá, mujeres necias, ¿ustedes no han oído que vienen los guardias?

Magdalena- Como si viene el rey de Roma, ¿a mí qué? ¡Váyanse, váyanse ustedes! Nosotras nos quedamos.

Pedro- Pero, ¿están locas? ¿Quedarse, para hacer qué?

Magdalena- ¡Oye a éste ahora! Pero, dime tú, Pedro, ¿para qué vinimos a Jerusalén, entonces? ¿Para bailar en la fiesta? ¿No quedamos en que había que revolucionar la capital y juntar a to­dos los pobres de por acá? ¿No dijimos que había que señalar con el dedo a todos los sinvergüenzas que nos tienen partido el espi­nazo?

Felipe-¡Jesús comenzó ese plan y ya ves qué pronto le echaron mano!

Magdalena- ¡Pero más fuerte que la de ellos fue la mano de Dios, Felipe! ¿O para qué sacó Dios a Jesús de entre los muertos, a ver, dímelo tú, cabezón? ¿Para ganarse el aplauso? ¿O fue para que siguiéramos luchando como él y no le tuviéramos miedo a la muerte?

Salomé- ¡Bien dicho, magdalena! ¡A ti habría que darte la espada de Judit, muchacha!

Pedro- Bueno, bueno, vamos por partes. ¿Qué proponen en­tonces ustedes, mujeres escandalosas?

Salomé- De momento, calmarnos, Pedro, y no dejar que el mie­do nos acogote.

Pedro- ¿Tú qué dices, María?

Todos volvimos los ojos hacia la madre de Jesús...

María- No sé, Pedro, cuando las cosas se ponían difíciles, Jesús decía que rezáramos un poco, ¿se acuerdan? ¿Por qué no le pedimos a Dios que nos ilumine para saber qué hacer o qué no hacer?

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