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Juan- Siempre llegas tarde, Felipe. Mateo y Andrés ya están aparejando el mulo para ir allá.

Felipe- Bueno, esto camina. ¡Echaremos las redes al norte y al sur, al oriente y al poniente!

Pedro- ¡Y en Jerusalén, como están los peces gordos, nos que­daremos los pescadores más fuertes!(1)

Juan- ¡Qué fanfarrón eres, Pedro! ¡Ese vicio no te lo quita a ti ni el Santísimo Espíritu!

Los que nos quedamos en Jerusalén con María, la madre de Jesús, la magdalena y otras mujeres, queríamos reunir a unos cuantos ve­cinos del barrio y empezar por ahí, como Jesús, cuando formó nuestro grupo en Galilea. Una tarde, Pedro y yo estábamos hablándole a un puñado de gente allá en el Pórtico de Salomón, el que da a la explanada del Templo, cuando llegaron los soldados...

Soldado- ¡A ver estos piojosos! ¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí! ¡Ya tenemos bastantes alborotadores en Jerusalén! ¡Y encima esta plaga de galileos! ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

Los guardias del Templo, furiosos, con las espadas desenvainadas, dispersaron el grupo en un momento y nos echaron mano a nos­otros. Aquella noche, Pedro y yo la pasamos en el calabozo.

Pedro- ¿Tienes miedo, Juan?

Juan- ¡Lo tengo, pero guardado en el bolsillo! ¿Y tú, tirapiedras?

Pedro- ¿Yo? Cuando me vea delante de esos tipos, voy... voy a respirar primero tres veces y...

Juan- ¿Y después?

Pedro- Y después les voy a decir todo lo que se merecen, caramba. Hace muy poco tiempo Jesús estuvo aquí mismo y les supo cantar las verdades, ¿no? Pues tenemos que hacer lo mismo que él, Juan, lo mismo que él.

Al día siguiente nos llevaron delante del viejo Anás y de su yerno Caifás, el sumo sacerdote que había condenado a Jesús. Con ellos estaban un tal Juan y un tal Alejandro, también de la fami­lia de Beto, de la gente más rica de la capital, y otros consejeros del Sanedrín.

Caifás- Díganme, embaucadores, ¿con qué autoridad reúnen a la gente para llenarles la cabeza de patrañas, eh?

Caifás trataba de disimular su furia, pero no lo conseguía.

Caifás- Agitadores del pueblo, basura de pescadores, chusma de Cafarnaum, les venimos siguiendo los pasos, ¡para que lo sepan! ¡Sabemos de sobra quiénes son ustedes y lo que traman! A ver, respondan: ¿con qué autoridad andan calentándole la cabeza al pueblo ignorante?

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