X hits on this document

680 views

0 shares

0 downloads

0 comments

298 / 310

Caifás- Escuchen bien, galileos: este tribunal les prohibe terminantemente volver a hablar en las calles de ese tal Jesús, que fue al patíbulo, reo de la peor rebeldía. ¿Está claro?

Pedro- No, no está claro.

Caifás- ¿Qué es lo que no está claro, malditos?! ¡Este tribunal habla en el nombre del Dios vivo!

Pedro- No, este tribunal habla en el nombre de los intereses de ustedes. ¡El Dios Vivo no tiene nada que ver con esto!

Juan- ¡Prohiban, prohiban, sigan con sus prohibiciones! ¡Nosotros obedeceremos a Dios antes que a los hombres!

Tenían el dinero, tenían el poder, pero también tenían miedo a la verdad, a que el pueblo se levantara contra ellos si nos ha­cían algo a nosotros. Por eso aquella mañana nos dejaron libres. Fue el Espíritu de Jesús quien nos dio fuerzas ante el tribunal y bajo los látigos de los verdugos.(2) Y el tirapiedras y yo salimos de allí con la espalda hecha trizas, pero contentos de haber dado la cara por el Reino de Dios.

María- ¿Y qué les dijeron esos tipos? Cuenten, cuenten.

En la casa de Marcos, las mujeres y los demás compañeros nos esperaban impacientes.

Pedro- ¿Que qué nos dijeron, María? Miren… ¡Así dicen ellos las cosas!

Susana- ¡Pobres muchachos! ¡Cómo les han dejado las espaldas, Dios del cielo!

María- Con compasión no se cura esto, sino con carne cruda. Ea, Susana, vamos a buscar unos trozos para ponerles en las heridas.

Felipe- Y ustedes, ¿qué hicieron?

Juan- Lo que había que hacer. Acusarlos. Decirles bien claro que ellos mataron a Jesús, pero que con eso no se acabó el asunto.

Felipe- ¿Y qué?

Juan- Y nada. Esos engolletados no escuchan nada. Están sordos.

Susana- Bueno, al principio Siempre es así. Pero luego ya Dios

les irá abriendo las entendederas...

Pedro- ¿A quién? ¿A esos ricachones del Sanedrín? No, Susana, no se haga ilusiones. Yo creo que esa gente tiene tan tupidas las orejas que aunque un muerto resucite y les grite la ver­dad no le hacen caso. Porque no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Susana- No hables así, Pedro. Al fin y al cabo, ellos son los que tienen la cazuela por el asa. Si ellos no se convierten y aflojan un poco, estamos perdidos.

Document info
Document views680
Page views680
Page last viewedSat Dec 03 23:17:05 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments