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Jesús- Al contrario, paisano: el que se hace amigo del César se hace enemigo de Dios. No se puede servir a dos señores: ¡o con Dios o con el César!(8)

Fariseo- ¡Lo que dices es casi una blasfemia! ¡Caifás, nuestro sumo sacerdote, acaba de declarar que tenemos que obedecer al César!

Jesús- ¿Y en nombre de quién ha dicho eso?

Fariseo- ¡En el nombre de Dios! Caifás representa a Dios en la tierra.

Jesús- Di mejor en el nombre del diablo y de sus intereses.

Escriba- ¿Cómo te atreves a hablar así del sumo sacerdote de Dios?

Jesús- Díganle de mi parte a ese sumo sacerdote que no se pue­de servir a dos señores ni se puede usar la religión para adormecer al pueblo.

Escriba- Ya me llenaste la copa, campesino charlatán. Te dimos un denario. ¿Vas a entregarlo como impuesto al César, o no?

Jesús- A cada uno lo suyo, digo yo. A Dios lo de Dios y al demonio lo del demonio. Mira la moneda. ¿De quién es esta cara? Mírala bien... De él, de un hombre igual que tú y que yo que quiso subir al cielo y robarle el sitio a Dios. El demonio también hizo lo mismo y cayó como un rayo hacia abajo. Y así caerán todos éstos que ponen su cara y su nombre en las monedas que primero le han robado al pueblo. ¡Ahí está el denario: devuélvanselo ustedes mismos!

Jesús tiró la moneda a los pies de los sacerdotes y de los maes­tros de la Ley, dio media vuelta y se fue.

Mujer- ¡Así se habla, qué caray! ¡Que viva el nazareno!

Fariseo- ¡Atrapen a ese hombre, no lo dejen escapar!

Los partidarios de Caifás quisieron prender a Jesús, pero también aquella vez se quedaron con las ganas. Pasamos la noche en casa de Marcos y, al día siguiente, muy temprano, cuando aún las calles de Jerusalén estaban medio desiertas, salimos a escondidas hacia Perea, al otro lado del río Jordán, donde antes el profeta Juan había estado bautizando.

Mateo 22,15-22; Marcos 12,13-17; Lucas 20,20-26.

1. Poncio Pilato, gobernador de la provincia romana de Judea, era en Palestina el más alto representante del César Tiberio, emperador en Roma. Su función principal era la de ser agente de finanzas del imperio, supervigilando la recaudación de los impuestos. Debía también mantener a raya al pueblo, que periódicamente se insubordinaba a causa de la extorisión que suponía el sistema fiscal romano.

2. Desde los tiempos del rey Salomón, unos mil años antes de Jesús, el reino de Israel cobraba impuestos a sus ciudadanos, aunque con una organización no plenamente desarrollada. Los persas y los griegos,

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