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Yo me reuní con los de la comunidad, y rezando y pensando entre todos, fuimos poniendo por escrito nuestra fe en Jesús.

Juan- ¡Vamos, María, vamos abre bien las orejas y escucha esto, a ver qué te parece! Ya tenemos la primera página.

María- Vamos a ver, Juan. Ya estoy curiosa por saber lo que ustedes han escrito.

Juan- Oye... Ejem... «En el principio era la Palabra, y la Pa­labra estaba con Dios y la Palabra era Dios. Y Aquel que es la Palabra estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por él y sin él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho». ¿Eh, qué te parece, dime?

María- Repítelo otra vez, Juan. Es que me perdí.

Juan- Oye, María: «En el principio era la Palabra, y la Pala­bra estaba con Dios y la Palabra era Dios».

María- Pero, ¿de qué palabra me estás hablando tú, muchacho?

Juan- María, ¡la Palabra es tu hijo! ¡El Verbo, la Palabra hecha carne, la Plenitud de la Vida! ¿Comprendes?

María- Ay, Juan, hijo, ¿no te parece que eso está un poco su­bido?

Juan- ¡Más quisiera subir yo, María! La vida del moreno fue tan grande, tan importante, tan... ¿Sabes lo que me pasa, María? Que no encuentro palabras para decir lo que fue.

María- Pues si no las encuentras, no las pongas.

Juan- ¿Anjá? ¿Y qué pongo entonces? ¿Que Dios es bue­no y que tenemos que querernos mucho? ¿Eso voy a poner?

María- Sí, eso. ¿Para qué hace falta más? Cuando tengas mis años, Juan, no te harán falta muchas palabras, ya verás.

Juan- No, no, no. Yo quiero escribir todo lo que pasó, desde aquel primer día allá en el Jordán, cuando el flaco Andrés y yo conocimos al moreno por primera vez y nos pasamos la tarde entera conversando con él y haciendo chistes. Yo quiero escribirlo todo, María, y que todos los hombres del mundo puedan co­nocer quién fue tu hijo.

María- Si lo escribes todo, Juan, no vas a acabar nunca.(5) Cuan­do el pozo es profundo, siempre hay agua que beber.

Sí, María tenía razón. Marcos y Mateo y Lucas y yo, escribimos muchas cosas sobre Jesús. ¡Pero si se escribieran todas las que hizo, no cabrían los libros en el mundo!

Juan 21,24-25

1. Mientras que del apóstol Pablo tenemos documentos escritos por él mismo que han llegado íntegros hasta nosotros, de Jesús no tenemos ni una sola línea escrita por su mano. Habían pasado unos treinta años

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