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que ocuparon el país -500 y 150 años antes de Jesús-, también establecieron un sistema tributario. Con la dominación romana de Palestina, que comenzó a ser definitiva a partir del año 6 después de Jesús, se impuso de forma rigurosa el cobro de los tributos a los israelitas. Roma retuvo todo el excedente de la producción del país en la amplia red de aduanas que estableció para el cobro de los diversos impuestos. A través de ellas controlaba todo el movimiento comercial de la provincia.

La provincia de Judea, colonia del imperio romano, debía de pagar anualmente a Roma en concepto de impuestos 600 talentos, el equivalente a seis millo­nes de denarios. El jornal de un trabajador era de un denario. Los impuestos que Roma cobraba en Palestina eran de tres clases: impuestos territoriales, que se pagaban parte en productos y parte en dinero; impuestos personales, que eran de varias clases según las riquezas o rentas, aunque había uno que era general y lo pagaban todos, excepto niños y ancianos, el llamado «tributum capitis» (por cabeza), y es al que se refiere el relato evangélico en el que le preguntan a Jesús si se deben pagar los impuestos; impuestos comerciales, que se pagaban sobre todos los artículos de importación y exportación.

3. Los sumos sacerdotes -máximas autoridades religiosas de Israel-«pactaron» con los romanos con el fin de mantener su poder, y sobre todo, su privilegiada situación económica. En tiempos de Jesús fueron sumos sacerdotes Anás (años 6-15 después de Jesús), algunos de sus hijos, y desde el año 18 al 37, su yerno José Caifás, que pertenecía, como Anás, a la aristocracia sacerdotal y a la familia de Beto, una de las más ricas de Jerusalén.

El gobierno local de Judea, que era el Sanedrín o Consejo o Tribunal de Israel, cuya máxima autoridad era el sumo sacerdote, carecía completamente de autoridad en cuanto a los impuestos, las relaciones con otros países y la defensa. Su única misión era mantener el culto y vigilar para que la Ley religiosa se cumpliera estrictamente.

Un medio usado por el gobernador Pilato para controlar al sumo sacerdote Caifás fue retener en la Torre Antonia, cuartel romano vecino al Templo de Jerusalén, los sagrados ornamentos con que se revestía el sumo sacerdote para las grandes fiestas religiosas. El gobernador se los entregaba únicamente para las ceremonias y después volvía a guardarlos. Este método también fue usado por Herodes el Grande y por Arquelao. Era una expresión de la dependencia de la máxima autoridad religiosa respecto del poder im­perial. Las vestiduras del sumo sacerdote eran suntuosas: sobre la túnica de lino blanco de los sacerdotes ordinarios llevaba una túnica azul rematada con campanillas doradas. Sobre la túnica, una especie de chaleco, el efod, recamado en oro, y sobre el pecho y colgando de los hombros una pieza cuadrada de oro con doce piedras preciosas incrustadas. En la cabeza, una cofia de color azul.

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