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4. Poncio Pilato fue el ejecutor, en tiempos de Jesús, del acueducto de Jerusalén, una gran obra de ingeniería, de la que se conservan aún algunos restos. Pilato, que despreciaba profundamente a los judíos y que ofendió en numerosas ocasiones sus sentimientos religiosos, tomó para esta construcción del llamado Tesoro del Templo, dinero que los israelitas piadosos consideraban sagrado. Este hecho provocó ardientes revueltas populares contra el poder romano, que fueron reprimidas a garrotazos por los soldados y de las que los historiadores de la época han dejado narraciones.

5. En los evangelios se habla de dos emperadores romanos. César Augusto y Tiberio César. Augusto dominó desde el año 30 antes de Jesús hasta el 14 después de su nacimiento. Con él se inició la dinastía imperial romana de la familia Claudia. Tiberio, hijo de la segunda esposa de Augusto, gobernó desde el año 14 hasta el 37 y bajo su mandato fue asesinado Jesús. Después de Tiberio siguieron gobernando en Roma otros Césares: Calígula, Claudio, Nerón. Tiberio hizo de Augusto, su padre adoptivo, un «dios». Poco a poco, la ambición de poder determinó que los Césares reclamaran de sus súbditos un culto personal. En tiempos de Jesús, la tendencia a divinizar al emperador se estaba acen­tuando. Después quedó definitivamente establecida, hasta la caída del imperio. Calígula se hizo adorar en vida. Los Césares se hicieron imágenes que debían ser veneradas y ordenaron postrarse en su presencia. Israel se resistió tenazmente a esta blasfemia. Los dirigentes religiosos, aunque no aceptaban teóricamente que el César fuera dios, en la práctica hicieron la vista gorda y callaron, en complici­dad con el poder establecido.

6. Uno de los motivos más frecuentes de las revueltas populares en Israel eran los impuestos. Fue precisamente la negativa a pagar impuestos a Roma la chispa que desencadenó la guerra judía del año 70 después de Jesús, en la que Jerusalén fue destruida hasta sus cimientos y la sociedad judía definitivamente desmantelada. En este contexto, la pregunta que le dirigieron a Jesús sobre el pago de impuestos era especialmente sensible. Los zelotes se negaban a pagarlos como una forma de resistencia activa a Roma. Las clases colaboracionistas, saduceos y sacerdotes, recomendaban el pago. Los fariseos dudaban. Teóricamente, estaban en contra, pues eran muy nacionalistas, pero en la práctica terminaban pagando. Jesús no legitimó la ocupación romana mostrándose partidario del pago de impuestos. Tampoco hizo del no pago una forma de rebeldía directa contra el poder. Su respuesta se sitúa en otro plano: una total libertad ante la autoridad.

7. El rey Herodes acuñó monedas de bronce, pero tenía prohibido acuñarlas de oro y plata. Para no ofender los sentimientos religiosos del pueblo, Herodes nunca grabó en estas monedas figuras humanas ni de animales. Los gobernadores romanos continuaron haciéndolo así, hasta que Poncio Pilato rompió la tradición y mandó a grabar símbolos religiosos de Roma en las monedas.

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