X hits on this document

718 views

0 shares

0 downloads

0 comments

44 / 310

2. El nardo es una planta originaria de la India. De la base de su tallo y de sus raíces se saca el aceite de nardo. Como la mayoría de los perfumes orientales, tiene un olor intensísimo y muy agradable.

104- EL PASTOR Y EL LOBO

Lázaro- Pasó un par de semanas antes de que llegaran ustedes. Los pastores de Tékoa se lo contaron a los de Belén y los de Belén a los nuestros.(1) Yo creo que en unos días la historia dio siete vueltas por Jerusalén y llegó hasta los montes de Efraín. A estas horas los pastores galileos ya la deben conocer.

Aquella noche Marta no había tenido que encender ninguna lamparita. Bastaba la luz de la luna llena, que iluminaba el patio de la taberna como si fuera de día. Más allá, las pequeñas casas de Betania parecían recién blanqueadas. Lázaro agarró un buen puñado de dátiles y se dispuso a contarnos la historia.

Lázaro- Se llamaba David, sí, como aquel otro pastor, que después fue nuestro gran rey. Y vivía aquí cerquita, en Tékoa, la aldea ésa que cae al sur. Allá dicen que nació aquel famoso profeta Amós que soltaba tantas verdades. Pero este David ni fue rey ni tampoco profeta. Era sólo un pastor. Un pastor que tenía un rebaño de cuarenta ovejas.(2)

David- ¡Andandooo! ¡Andandooo! ¡Ya oscurece, tunantas! ¡Y hay que volver a casa! ¡Andandoo! No se me quede ninguna atrás. ¡Derechitas! ¡Andandooo!

Todos los días, al caer la tarde, el pastor llevaba las ovejas de vuelta al redil. Que no es cosa fácil, caramba. Pero dicen que cada sendero tiene su atolladero. Por eso, cuando era oscuro y tenían que atravesar el gran barranco, David iba dando golpes en las piedras con su cayado. Los animalitos, como ya conocían aquel ruido, iban tan tran­quilos: sabían que el pastor iba delante y que las llevaba por el mejor camino.

David- Lucerito... Pintada... Estrellita... Lananegra... Borregona... ¡Orejita! ¡Ea, ya están todas! ¡Con cuarenta salí y con cuarenta regreso!

Al llegar al redil, David se ponía pegado a la puerta y con­taba sus ovejas. A cada una le tenía puesto un nombre y dicen que nunca se confundía. Ah, ese David conocía a sus ovejas como si él las hubiera parido. Y las ovejas, lo mismo: lo conocían a él a siete leguas de distancia. Pues bien, en el aprisco aquel donde dormían las cuarenta ove­jas de David, también guardaban sus rebaños otros dos pastores.

Sirio- ¿Cómo fue la cosa hoy, David? ¿Hubo suerte?

David- La hubo, Sirio, la hubo. Pasé la cañada del águila y nos encontramos con un banquete. Vienen con la panza llena, las tunantas. Dormirán mejor que tú y que yo, pero se lo merecen, qué caray. Ellas trabajan para nosotros: que si leche, que si queso, que si lana. Es justo que nosotros trabajemos para ellas subiendo y

Document info
Document views718
Page views718
Page last viewedMon Dec 05 02:43:17 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments