X hits on this document

698 views

0 shares

0 downloads

0 comments

47 / 310

Sirio- ¡El lobo! ¡El lobo! ¡Huyan, el lobooo!

David- ¡Quédense aquí, cobardes, y den la cara! ¡Entre los tres podremos con ellos!

Ñato- ¡Podrás tú, imbécil! ¡Lo que es yo, me largo!

A los dos compañeros de David les faltó tiempo para echar­se a correr a campo traviesa. Y David se quedó solo con los lobos y con todas las ovejas que se arremolinaban espantadas, corriendo de aquí para allá, tratando de escaparse de las dentelladas de aquellas dos fieras. Pero no podían. En­seguida cayeron algunas, chorreando sangre, destripadas. David no esperó más. Sacó del zurrón el cuchillo afilado, lo apretó con rabia en su mano y, cuando uno de los lobos saltaba sobre una de sus ovejas, él saltó sobre el lobo y le clavó el acero hasta el mango. Le tocó el corazón, sí, por­que el animal se revolvió y cayó rematado a los pies del pastor.

David- ¡Maldita bestia, ya pagaste tus fechorías!

El otro lobo, cuando olió la sangre del compañero, dejó a las ovejas y se abalanzó, echando candela por los ojos, sobre David. Los dos se enristraron en una pelea a muerte, revolcándose sobre la tierra. Pegadas a las tapias del redil, las ovejas, pobrecitas, seguían corriendo para todos lados.

David- ¡Tranquilas! No tengan miedo, tunantas, que éste tampoco saldrá con vida de aquí. ¡Te sacaré las entrañas, maldito!

El segundo lobo rugía con los colmillos hundidos en el bra­zo del pastor. David, jadeando, clavaba el puñal una y otra vez en el lomo negro de la fiera, pero, mientras más lo hería, más enfurecido se ponía el animal. En una de aque­llas volteretas, David, ya casi sin resuello, consiguió meterle el cuchillo en mitad del pecho. El animal, echando espumarajos, sacó el resto de sus fuerzas y se tiró al cuello del mu­chacho, mordiéndolo con saña. Fue triste aquello. La sangre del pastor y la sangre del lobo se mezclaron sobre la tierra y la empaparon. Así acabó la pelea.

Sirio- ¡Caramba con el David! ¡Mira que atreverse con esas fieras!

Ñato- ¡Y tamaños animales! Te digo que ese muchacho tuvo que haber peleado como un bravo.

Sirio- Pero dime tú, Ñato, ¿a quién se le ocurre lanzarse contra dos lobos a la vez?

Ñato- Contra dos y contra doscientos que hubieran saltado la tapia. Ese David tenía coraje de sobra. Y por defender a su rebaño hacía cualquier cosa. ¡Fíjate cómo dejó tiesas a esas malas bestias!

Sirio- Sí, pero también lo dejaron tieso a él. ¡Un loco, eso es lo que fue!

Ñato- Lo que quieras, pero gracias a él se salvaron las ovejas, Sirio, no te olvides, gracias a él.

Document info
Document views698
Page views698
Page last viewedSun Dec 04 08:43:44 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments