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Saduceo- ¡Deja lo de saduceo, caramba! Yo lo que dije es que no puede haber cielo porque, si lo hay, ¿cómo se las arregla esa viuda?

Lázaro- Y si no lo hay, ¿cómo se las arreglan los ángeles, eh? ¿Dónde se meten todos los angelitos, dime tú?

Felipe- Los angelitos... y también las angelitas. Porque habrá de todo, me parece a mí.

María- Ya comenzó Felipe con sus cosas. Que no, cabezón, que allá arriba no habrá nada de eso.

Felipe- ¿Ah, no? Y entonces, ¿qué hace uno, caramba? ¿Chuparse el dedo?

Susana- Lo que uno hace es ponerse de rodillas ante Dios y adorarlo. Eso es lo que hay que hacer en el cielo.

Felipe- Y después, ¿qué?

Susana- Después, lo sigues adorando porque el Señor es tres ve­ces santo y en el cielo estaremos todos así, con las manos juntas, ante el trono de Dios, repitiendo sin cesar «santo, santo, santo» por los siglos de los siglos.

Lázaro- ¡Amén! Perdone, doña Salomé, pero sólo de pensar en tantos siglos y tanto «santo, santo, santo»... me ha entrado un sueño...

Felipe- Y pregunto yo, camaradas, ¿no habrá otro sitio mejor a donde ir? Porque, a decir verdad, ese cielo está un poco aburrido.

María- No hay otro lugar, Felipe. O al cielo, o al infierno. Escoge tú.

Felipe- Bueno, en ese caso... cuando me entierren, que uno de ustedes me eche los dados en el bolsillo, a ver si encuentro por ahí algún querubín que le guste jugar y, entre un santo y otro, nos echamos una partidita. ¿Eh, qué les parece, compañeros?

Jesús- Yo tengo una idea mejor, Felipe.

Felipe- ¡Caramba, Jesús, ya era hora de que abrieras la boca! ¡A ver, suelta esa idea!

Jesús- Digo yo que por qué no sacas los dados y comenzamos el cielo ahora mismo. ¡No hay que esperar a morirse, hombre!(5)

Pedro- ¡Apoyo al moreno! ¿Dónde están esos dados?

Felipe- ¡Aquí están, muchachos! Ea, ¿quién juega?

Lázaro- ¡Yo!

Natanael- ¡Y yo también!

Jesús- ¡Vamos, Lázaro, corre y trae unas buenas jarras de vino! ¡Y tú, María, échale aceite a las lámparas para que estos granujas no hagan trampa en lo oscuro! ¡Marta, pon alguna leña a que­mar para sacarnos el frío de los huesos! ¡Vamos, vamos!

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