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1. En los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, aparecen una serie de discursos de Jesús acerca de la catástrofe que se avecina sobre el mundo. Son los llamados discursos «escatológicos» (del fin) o «apocalípticos» (de la revelación del fin). Tradicionalmente, han sido leídos como una descripción detallada de todo lo que sucederá el día del fin del mundo y han sido usa­dos para sembrar el terror en personas ingenuas o hacer simplistas interpretaciones de las catástro­fes que actualmente ocurren en el mundo.

Jesús no dio detalles sobre la vida del más allá, sobre el cielo, los ángeles o los demonios, como era habitual en el lenguaje apocalíptico de su tiempo. Tampoco hizo cálculos sobre el día del fin del mundo y evitó hacer una descripción de las diferentes etapas del drama apocalíptico. Cuando en los evangelios se habla de estos temas, lo que se está leyendo es el pensamiento de las primitivas comunidades cristianas.

Saber cuándo será el fin del mundo ha preocupado a muchas generaciones de seres humanos. Jesús creyó que el fin del mundo injusto y la llegada del Reino de Dios eran inminentes. Su forma de proclamar el evangelio y de desafiar a las autoridades, la prisa que demuestran sus palabras, indican que él creyó que esa hora estaba cercana y que él mismo llegaría a verla. Esa urgencia de Jesús la heredaron los primeros cristianos, que vivieron durante el primer siglo de nuestra era pendien­tes del día del fin del mundo. Pablo tuvo que llamarles la atención en varias ocasiones (2 Tesalonicenses 2, 1-7 y 3, 6-12), aun­que también él estaba convencido de que el día final estaba ya cercano (1 Tesalonicenses 4, 13-18). Eran tiempos de duras persecuciones contra los cristianos, en las que miles fueron asesinados y las comunidades esperaban ansiosas el día de la liberación definitiva. En este contexto se escribió el Apocalipsis, último libro de la Biblia, una hermosa simbología sobre el fin de los tiempos destinada a consolar a los cristianos que sufrían la persecución del poder imperial de Roma.

Con muy variadas imágenes, los profetas hablaron de la cólera de Dios contra los injustos en el día final del mundo. Hablaron de guerras, desastres, dificultades sin cuento. Unos 200 años antes de Jesús comenzaron a emplear imágenes cósmi­cas -estrellas que caen, tierra que tiembla-, símbolos que tam­bién usó Jesús porque eran los habituales en su tiempo para describir la tremenda conmoción de los tiempos finales (Isaías 63, 1-6; Jeremías 6, 11-19; Daniel 9, 66-27; 12, 1-13; Joel 2, 1-11; Amós, 5, 14-20; Apocalipsis 19, 11-21).

Abundan también en la Biblia imágenes positivas que expresan que todo lo bueno del mundo conocido quedará y será transformado en "el cielo nuevo y la tierra nueva donde habitará la justicia" (2 Pedro 13). Son innumerables los textos proféticos que describen el futuro con símbolos de alegría y de fiesta. (Isaías 60, 1-22; 62 1-12; Amós 9, 11-15; Miqueas 4, 1-5; Sofonías 3, 14-20; Apocalipsis 21, 1-8; 22, 1-21).

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