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soportamos el yugo de ningún tirano.(3)

Todos- ¡Así se habla, moreno!

Jesús- Nuestros abuelos pedían que los dejaran salir de Egipto para ir a la tierra prometida. Nosotros pedimos que se vayan ellos, que nos dejen vivir en paz en la tierra que el Dios de Israel nos regaló. El faraón era antes aquel egipcio de corazón duro. Ahora los faraones son gente que lleva nuestra misma sangre, pero que han traicionado al pueblo.

Pedro- ¡Sí, señor! ¡Y ésos son los que se hacen llamar representantes de Dios! ¡Mira a ese Caifás, el sumo sacerdote, vendido como una ramera al gobernador romano! ¡Y su suegro, el viejo Anás, el mayor ladrón de toda Jerusalén!

Felipe- ¡Y el gordo Herodes, el rey más corrompido que haya puesto el trasero en el trono de Galilea!

Jesús- ¡Pues nosotros iremos a tocar en las puertas de sus pala­cios y también en las cancelas de bronce de la Torre Antonia, donde se esconde ese romano sanguinario que se llama Poncio Pilato, y a todos ellos les echaremos en cara sus crímenes, uno por uno, tal como Dios los tiene anotados en su libro! Porque Dios ha visto el sufrimiento de su pueblo: ha escuchado el clamor que nos arranca el látigo de los capataces. Y Él viene a liberarnos de la mano de los que nos oprimen. Les diremos: Dios nos envía ante ustedes con el mismo nombre de su alianza con Moisés. Y ese nombre es: "Yo Soy. ¡Ahora sabrán quién Soy!"(4) A ustedes, los que nunca contaron con nosotros, los pobres de la tierra, ve­nimos a decirles nuestro nombre: "Aquí estamos Nosotros. ¡Ahora sabrán quiénes Somos!"

Todos- ¡Bien, bien!

Jesús- Compañeros: ése es el plan. ¿Qué dicen ustedes?

Susana- Yo digo que es la cosa más descabellada que he oído en toda mi vida. Pero, moreno, ¿qué malas pulgas te han picado? ¿En qué cabeza cabe ir delante de esos señorones a cantarles la verdad así, a bocajarro?

María- ¡Jesús, hijo, por favor, no seas loco! ¿Tú crees que los jefes de este país te van a hacer caso a ti, un campesino con las sandalias rotas, eh, dime?

Simón- Por eso no, doña María, que a Moisés tampoco le hizo caso el faraón la primera vez. Pero tanto da la gota de agua en la piedra hasta que le hace un agujero. Moisés fue un día y otro y otro más, y primero se cansó el faraón de Moisés que Moisés del faraón.

Jesús- Y eso es lo que nosotros haremos: ponernos más tercos que la burra de Balaán. Ir de palacio en palacio y de faraón en faraón una y otra y otra vez, hasta que las piedras se rompan. ¿Están de acuerdo?

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