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Jesús tiró los dados. Y todos los que estábamos alrededor de la mesa, desde el saduceo hasta el camellero Tobías, entramos en el juego.

Felipe- ¡Apuesto cinco a uno a que el cielo será esto mismo: una fiesta de amigos!

Jesús- ¡Pues yo apuesto cincuenta a uno a que será todavía mu­cho mejor!

Aquella noche en Betania, Jesús nos enseñó que el cielo será una fiesta grande, sin término.(6) Entonces ya no preguntaremos nada y nadie podrá quitarnos la alegría.

Mateo 22,23-33; Marcos 12,18-27; Lucas 20,27-40.

1. El valle de la Gehenna rodea la ciudad de Jerusalén por el oeste. Por el sur se junta con el valle del Cedrón. «Gehenna» es la forma griega de la palabra hebrea «Ge-Hinnom» (Valle de Hinnom). En este valle se habían ofrecido antiguamente sacrificios humanos al dios pagano Moloc, provocando que los profetas maldijeran el valle (Jeremías 7, 30-33). Unos 200 años antes de Jesús la creencia popular era que en la Gehenna estaría situado un infierno de fuego para los condenados por sus malas acciones.

2. Por ser un lugar desacreditado y maldito, el valle de la Gehenna se había destinado a basurero público de Jerusalén. En el ángulo sureste de las murallas se abría la llamada Puerta de la Basura, que daba al valle. Por ella se sacaban fuera de la ciudad todos los desperdicios, escombros y desechos, que eran quemados allí. En Jerusalén había barrenderos y dia­riamente se barrían las calles de la capital. El oficio de basurero estaba en la lista de los oficios «despreciados», por su carácter repugnante.

3. Durante siglos, el pueblo de Israel no creyó en el infierno. Creía que al terminarse la vida en la tierra, los muertos bajaban al «sheol», un lugar situado en las profundidades de la tierra o bajo las aguas, en donde buenos y malos mezclados languidecían sin gozo ni pena. El «sheol» es mencionado 65 veces en el Antiguo Testamento, siempre como un lugar triste, donde no hay esperanza de cambio alguno. Otros pueblos -como los babilonios- creyeron también en un lugar similar (Job 10, 20-22; Salmo 88, 11-13; Eclesiastés 9, 5 y 10). La idea del "sheol" llega hasta el final de la Biblia (Apocalipsis 1, 18). Jesús habló del fuego y del "crujir de dientes" porque era hijo de esta cultura. Pero lo característico de su mensaje fue la esperanza para después de la muerte.

4. Doscientos años antes de Jesús surgieron los saduceos, enemigos de los fariseos. Constituyeron un grupo aristocrático, al que se integraron sacerdotes, levitas, terratenientes y mercaderes. Eran gente influyente y poderosa que no creía ni en la llegada del Mesías ni en la vida después de la muerte, por lo bien que les iba en ésta. Ligados al poder romano y a sus beneficios económicos, defendían en su «teología» que la recompensa de Dios sólo se obtenía en esta tierra, precisamente en forma de buena posición, dinero y privi­

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