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Todos- ¡Así es, así es! ¡Dales duro, Jesús!

Jesús- ¡Ahí están los hipócritas! ¡Dicen que todos somos hermanos, pero ellos corren detrás de los primeros puestos y se ponen ropas de lujo y quieren que les besemos la mano y que los llamemos padres y maestros! ¿Maestros de qué? ¡De la mentira, porque eso es lo que enseñan! ¿Padres de qué? ¡De la avaricia, porque eso es lo que hacen, robar y comerciar con las cosas de Dios!

Todos- ¡Bien, bien!

Jesús- ¡Nosotros a nadie llamaremos padre ni maestro porque hay uno solo, el que está arriba, el Dios que levanta a los humildes y echa abajo los tronos de los poderosos! ¡Que viva el Dios de Israel!

Todos- ¡Que viva, que viva!

En ese momento, rojos de ira, bajaron por las escalinatas un grupo de sacerdotes con el comandante de la guardia del Templo al fren­te de ellos. Venían vestidos con sus túnicas negras y altas tiaras sobre la cabeza.

Sacerdote- ¡Cállate, maldito! ¿Con qué derecho insultas a los ministros de Dios, tú que eres un laico ignorante, un campesino cargado de mugre, que apestas más que la basura de la gehenna?

Jesús- ¡La peste y la basura la trajeron ustedes, traficantes de Satán, que llenaron la casa de Dios con vacas y ovejas para engor­dar los bolsillos de ese viejo ladrón que se llama Anás!

Sacerdote- Pero, ¿cómo te atreves a hablar así, hijo de ramera? ¿No sabes dónde estás? ¡Este es el Templo del Altísimo de Israel! ¡Estás a dos palmos del Santo de los Santos donde vive el Dios Bendito!

Jesús- No, qué va, ahí no está el Bendito. ¡El Dios de Israel dio media vuelta y se fue de aquí, porque ustedes convirtieron su casa en un mercado y su religión en un negocio! ¡Y yo les digo que de este Templo no quedará una piedra sobre otra! ¡Todo esto se vendrá abajo como la estatua que vio el profeta Daniel, una estatua enorme y lujosa pero tenía los pies de barro! ¡Y con una piedra se derrumbó entera! ¡Nosotros somos esa piedra y Dios nos lanzó hoy contra este Templo que tiene los cimientos de barro!

Sacerdote- ¡Las piedras te las vamos a lanzar a ti, agitador, blas­femo de la mayor blasfemia, porque has hablado contra el santo Templo del Altísimo!

Jesús- Te equivocas, amigo. Esto no es un Templo. ¡Es una tumba!

Todos- ¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana! ¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana!

Sacerdote- ¡Este hombre está endemoniado! ¡Es un peligro para todos!

Jesús- Claro, porque no les conviene que digamos la verdad. Porque la verdad hace libres a los hombres y ustedes quieren que sigamos con la venda sobre los ojos para seguir aprovechándose de

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