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Era el 11 de Nisán, martes. Desde el domingo estábamos escondidos con Jesús en Betania, en la planta alta de la taberna de Lázaro. Judas, el de Kariot, que conocía bien la ciudad, iba y venía para contarnos cómo andaban las cosas. Pero aquella ma­ñana tardó en regresar.

Barrabás- ¿Qué demonios está esperando el jefe de ustedes, Judas? ¿En qué está pensando? Sí, lo del domingo en el Templo fue un buen golpe de efecto, pero nada más. Con ramas de pal­mera no se gana una guerra.

Judas- Eso mismo le dijimos algunos de nosotros, Barrabás. Pero, ¿qué quieres? El jefe es el jefe, caramba. Nosotros estamos con Jesús y vamos donde él diga.

Barrabás- ¡La causa es la causa, Judas! ¡Y nuestra causa está por encima de todos los jefes!

En una de las casuchas del barrio de Ofel, con las puertas y las ventanas cerradas, Barrabás, uno de los líderes del movimiento zelote, discutía con Judas, el de Kariot.(1)

Barrabás- Judas, escúchame. Tú fuiste durante un tiempo de los nuestros. Puedo hablarte con confianza. Los del movimiento nos hemos pasado toda la noche discutiendo y... y tenemos un plan.

Judas- ¿Y cuál es ese plan?

Barrabás- Atiende, compañero. Hay una cosa clara. De todos los cabecillas que tenemos ahora en nuestro país, el único que es capaz de movilizar al pueblo es el de ustedes, el nazareno. Sí, hay que reconocerlo. A los dirigentes del movimiento les costó trabajo aceptar esto, pero yo se lo hice ver. Pilato ha crucificado a nues­tros mejores hombres. Los sicarios se han vuelto antipáticos a la gente por su afán de sangre. Los jefes de Perea y de Judea están muy quemados ya. ¿Con quién podemos contar entonces? Jesús es el único que puede levantar en armas al pueblo, ¿comprendes?

Judas- Sí, comprendo, pero, ¿qué me dices con eso?

Barrabás- Escucha, Judas. Nosotros sabemos dónde conseguir una buena cantidad de espadas y garrotes. Tenemos gente prepa­rada para asaltar el arsenal de Siloé y el de la Antonia. Es cuestión de distribuirnos el trabajo. Y de planear bien el golpe. Ya tú sabes cómo son estos líos, una vez que estallan, no hay quién los pare. Sólo hace falta una cosa.

Judas- Que Jesús empuñe la espada y dé el primer tajo, ¿no es eso?

Barrabás- Eso mismo, Judas. Respóndeme, entonces: ¿Jesús se decidirá, sí o no?

Judas- Creo que no, Barrabás. El moreno es... es un idealista. Dice que nuestra fuerza no está en las armas sino en protestar todos juntos hasta reventarle la paciencia al faraón, como hizo Moisés en Egipto.

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