X hits on this document

864 views

0 shares

0 downloads

0 comments

79 / 310

Mi madre y la magdalena comenzaron a preparar el cordero. En la noche de la Pascua se asaba al fuego, sin partirle ni un solo hueso. Había que comérselo entero, con entrañas y todo. Y lo que sobraba no se guardaba para el día siguiente, sino que se quemaba al amanecer.

Susana- ¿Se acordaron de traer la sangre para las puertas, Pedro?

Pedro- Aquí está. Vamos, Juan, ayúdame, y enseguida volve­mos a Betania. Tengo ganas de ver a Jesús para contarle.

Magdalena- Antes cuéntanos a nosotras, caramba.

María- ¿Qué hay por la ciudad, Pedro?

Pedro- ¿Qué hay? Que no se habla de otra cosa que de tu hijo, María. Todo el mundo se pregunta dónde diablos andará escondido. En el momento en que asome las orejas, toda Jerusalén se pondrá en pie como un solo hombre.

Juan- Dicen que ayer estuvieron dando pregones por las esquinas, para ver si salta algún soplón. Pero, qué va, el pueblo está con él. No hay por qué preocuparse.

Susana- ¡Basta ya de conversaciones, y a trabajar! ¡Ea, Pedro, a las puertas!

En la fiesta de la Pascua, pintábamos las hojas y el dintel de las puertas de las casas con la sangre del cordero sacrificado, igual que nuestros padres habían hecho en Egipto.(5) Aquella era la sangre de la alianza que Yavé, nuestro Dios, había sellado con su pueblo, al pasarlo aquella noche de la esclavitud a la libertad.

Magdalena- ¡Uff! ¡Cómo pica! A ver, un poco más de ce­bolla... ¡Está buenísima! El cordero va agradecer esta salsa más que la lluvia de primavera. ¡La verdad es que esta ensalada le quita el hipo al que lo tenga!

La tarde de aquel jueves, la casa de Marcos olía a panes recién hechos y a cordero asado. La magdalena había preparado las hier­bas que, según la tradición debían comerse aquella noche. Era una ensalada amarga en recuerdo de las lágrimas y los sufrimientos de nuestros padres en Egipto.(6) La madre de Jesús y Susana hicieron la salsa picante en la que se mojaba el pan. Una salsa roja, del mismo color de los ladrillos que los israelitas habían fabricado en tierras egipcias cuando eran esclavos del faraón.(7)

Marcos- ¡Bueno, a ver qué han hecho estas mujeres tanto tiempo juntas además de darle a la lengua!

Susana- ¡Ya está todo listo, Marcos!

Marcos- ¡Sí, sí, ya está todo listo, hasta los guardias! Maldita sea, pero, ¿cómo me habré dejado yo convencer por ese narizón de Pedro? ¡Mira que venir a meterse esta pandilla de agitadores en mi casa! Bueno, ustedes récenle alguna oración al arcángel Miguel para que nos preste su espada cuando vengan a llevarnos presos a todos, ¡ajajay!

Document info
Document views864
Page views864
Page last viewedSat Dec 10 07:54:26 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments