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Jesús- Los bastones, Marcos.(5) Que cada uno agarre el suyo. Nues­tros abuelos comieron así la primera pascua, de prisa, porque iban de camino hada la libertad. Nosotros haremos lo mismo, aunque sea sólo un momento.

Formamos un círculo alrededor de las esteras. Los hombres empuñamos nuestros bastones y levantamos el pie derecho, como si estuviéramos prontos a partir para un largo viaje. Las mujeres se apoyaban en el brazo de los hombres.

Marcos- Vamos, Jesús, bendice la comida.

Jesús- No, Marcos, tú eres el dueño de la casa, el padre de la familia.

Marcos- Ni dueño ni padre. ¿No dices tú siempre que entre nosotros todo eso se acabó? Ea, bendice tú.

Jesús- No, hombre, te toca a ti.

Felipe- Bueno, bueno, decídanse, porque yo no soy grulla y aca­baré en el suelo.

Jesús bendijo la comida con las palabras antiguas que durante tantas generaciones nuestros abuelos habían repetido, las palabras que le había enseñado José, su padre, cuando él era un muchacho, allá en Nazaret.

Jesús- ¡Bendito seas, Señor Dios nuestro, rey del mundo, que das a Israel esta fiesta para alegría y memorial!

Todos- ¡Amén! ¡Amén!

Después del primer salmo con que se iniciaba la comida pascual, todos dejamos en un rincón los bastones, nos quitamos las san­dalias y nos sentamos en el suelo, sobre los mantos, alrededor de las esteras de paja. Estábamos los trece, las mujeres y la familia de Marcos formando un grupo apretado. Las pequeñas llamitas del candelabro, movidas por la brisa de la noche, nos iluminaban las caras.

Marcos- ¡Y ahora, para comenzar, un primer brindis, compañeros! ¡Vamos, llenen esas jarras hasta los bordes, que el vino corre hoy por mi cuenta!(6) ¡Arriba la copa de la libertad! ¡Que viva Yavé, el Dios de Israel!

Todos- ¡Que viva! ¡Que viva!

Santiago- ¡Y que vivan nuestros abuelos que lucharon contra la esclavitud y salieron libres en una noche como la de hoy!

Todos- ¡Que vivan, que vivan!

Magdalena- ¡Y nuestras abuelas, caramba, que también ellas pe­learon duro contra ese faraón tan sinvergüenza!

Marcos- Mucho vino y mucho brindis, pero se nos está olvidando algo muy importante. ¡Eh, ustedes, córranse y déjenle un sitio a Elías, por si viene esta noche a nuestra casa!

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