X hits on this document

747 views

0 shares

0 downloads

0 comments

85 / 310

Según la tradición de nuestros paisanos, el profeta del Carmelo vendría de noche, durante una cena pascual, a avisarnos de la llegada del Mesías. Por eso, las puertas de las casas quedaban ese día entornadas y había un puesto reservado en todas las mesas de los hijos de Israel por si acaso llegaba el profeta Elías, cansado y con hambre, anunciando la gran noticia.(7)

Felipe- ¡Que venga Elías cuando quiera, pero que vaya viniendo también el cordero, porque a este paso me van a salir telarañas en la barriga!

María y Susana bajaron la escalera y, al poco rato, estaban de nuevo con nosotros, en la planta alta, trayendo una gran fuente con el cordero recién asado.

Pedro- ¡Que viva el cordero pascual!

Juan- ¡Y las manos que lo cocinaron!

Magdalena- ¡Fíjense bien, para que después no digan, que no tiene ni un hueso roto!

Pedro- ¡Vamos, muchachos, al ataque! ¡No dejen ni las pezuñas!

Marcos- ¡Un momento, un momento! Todas las manos fuera del plato. Primero a lavárselas, como está mandado.

Felipe- Deja eso ahora, Marcos, y empecemos a comer, que tengo más hambre que la ballena de Jonás.

Marcos- De ninguna manera. Un día es un día. ¡Por lo menos que una vez al año esta pandilla de piojosos comamos limpios, caramba!

Felipe- Está bien, vamos entonces con los lavatorios.(8) A ver, ustedes, las mujeres, ¿dónde están los cuencos de agua?

Magdalena- Que yo sepa, tú no estás tullido, Felipe. También puedes ir tú a buscarlo.

María- Y tú también, Santiago, que estás ahí de lo más repantingado, y tu madre subiendo y bajando la escalera.

Jesús- Ya voy yo, espérense.

Fue Jesús el primero que se levantó, bajó a la cocina y trajo el cuenco lleno de agua y una toalla.

Magdalena- Moreno, dame eso a mí y ve tú a sentarte.

Jesús- No, María, déjame ayudar.

María- Pero, hijo, por Dios, deja eso. Susana y yo les lavare­mos las manos.

Felipe- Aquí, doña María, más que las manos, habrá que lavar las patas, ¡porque hay un tufo!

Juan- ¡Y viene del lado tuyo, Felipe!

Entonces Jesús se acercó a Felipe, se amarró la toalla en la cin­tura y se agachó.

Document info
Document views747
Page views747
Page last viewedTue Dec 06 10:27:46 UTC 2016
Pages310
Paragraphs4836
Words127592

Comments