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Jesús- Sí, de veras lo digo, alégrense. Este año todavía somos esclavos. ¡El año próximo seremos libres! Amigos: antes de que volvamos a juntarnos así, como esta noche, Dios habrá metido su mano por nosotros. Sí, hoy estoy seguro. ¡E1 Reino de Dios está cerca, muy cerca, no se demora ya!

Jesús tomó su jarra de vino y la levantó en medio de todos.

Jesús- ¡Brindo por el Reino de Dios! Compañeros: hasta aquí hemos sembrado con lágrimas. ¡Ahora cosecharemos con alegría!

Jesús bebió primero y nos pasó la jarra a nosotros. Todos toma­mos un poco de ella. Después, se levantó, agarró entre las manos la jarra vacía y la rompió contra el suelo.

Jesús- Ustedes son testigos: ¡no vuelvo a probar una gota de vino hasta que llegue el Reino de Dios, hasta que el Señor cambie nuestra suerte como cambia el desierto con las lluvias, hasta que la tierra se abra y germine la Justicia!

María- ¡Que Dios te oiga, hijo!

Mil doscientos años atrás, en una noche de prisa y de esperanza, el Dios de Israel había cambiado la suerte de nuestro pueblo. Noche de guardia fue aquella para Yavé, cuando sacó a nuestros padres de la tierra de Egipto. Las abuelas se lo contaron a los nietos y los nietos a los hijos y a las hijas, y de generación en generación volvía a ser la Pascua noche de guardia para todos nosotros en honor de Yavé, el Dios de la libertad.

Lucas 22,14-18; Juan 13,1-17.

1. En la solemne cena de Pascua, el cordero debía comerse, según las prescripciones judías, dentro de los muros de Jerusalén, la ciudad santa. A la puesta de sol, que era la hora en que comenzaba un nuevo día para los israe­litas, las familias, los grupos, los vecinos, se congregaban para la solemne cena. Por ser las casas pequeñas y tener que reunirse por lo menos diez personas por cada cordero, se comía también la Pascua en los patios, las terrazas y hasta en los tejados. Jerusalén, atestada de peregrinos, presentaba un ambiente festivo impresionante. Era la noche más solemne de todo el año. Primitivamente, se cenaba en la explanada del Templo, pero unos cien años antes de Jesús se suprimió esa costumbre debido a las multitudes que se congregaban en la capital. Como un símbolo, las puertas del Templo permanecían abiertas de par en par durante toda la noche de Pascua.

2. La calle Larga era una amplia calzada romana que atravesaba Jerusalén comunicando el barrio donde se amontonaban las casuchas de los pobres con el barrio alto, en el monte Sión, en donde las construcciones eran mejores y donde muchos de los ricos tenían sus palacios. En­tre ellos estaban el de Anás y el de Caifás. No hay certeza histórica del lugar donde Jesús celebró la última cena en la noche de la Pascua. Pero para entrar en Jerusalén aquel atardecer

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