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ocasiones solemnes, y especialmente en la Pascua, era esencial la abundancia del vino. Según el ritual debían beberse como mínimo cuatro copas.

7. Una de las costumbres de la noche de Pascua era recordar a Elías, mensajero del Mesías. Cada año, el pueblo de Israel esperaba para la noche de la Pascua la llegada del Mesías como liberador del pueblo. Para Elías, que en la tradición popular era el precursor del Mesías, se guardaba en muchas casas un sitio vacío en la mesa del banquete pascual. Un antiguo poema, llamado «Las Cuatro Noches», cantaba que siempre en la noche de Pascua habían ocurri­do los hechos más importantes de la historia de Israel: la creación del mundo, la alianza de Dios con Abraham, la liberación de Egipto. Se pensaba que en "la cuarta noche", una noche pascual, llegaría el Mesías.

8. Para solemnizar la comida pascual una de las prescripciones era la de la purificación por el agua antes de comer el cordero. Como la gente usaba sandalias, los pies eran la parte del cuerpo que más se ensuciaba a diario. Los amigos de Jesús no eran como los fariseos, aficionados a lavatorios y a mil y una purificaciones. Pero en la noche de la Pascua hasta los menos cumplidores trataban de respetar los ritos. Era una forma de dar la máxima importancia a lo que se conmemoraba en la cena. Lavar los pies era misión de los criados o esclavos en las casas que los tenían. Cuando no los había, los lavaban las mujeres.

111- LA NUEVA ALIANZA

Jerusalén velaba con las lamparillas de sus casas encendidas, bañada por la luz de la luna llena. Era jueves 13 de Nisán. Sen­tados sobre los mantos, alrededor de las esteras de paja, estába­mos ya comiendo el cordero pascual cuando Judas, el de Kariot, que había estado muy callado durante toda la cena, hizo ademán de levantarse.

Judas- Oigan, compañeros, como esto va para largo, habrá que comprar un poco más de vino, digo yo.

Marcos- No creo que haga falta, Judas. Tengo media tinaja más en la cocina.

Judas- Pero siempre es mejor que sobre a que falte, ¿no es eso?

Jesús- ¿Qué te pasa, Judas?

Judas- Nada, Jesús. ¿Qué me va a pasar?

Judas estaba muy nervioso. Jesús también, aunque trataba de disimularlo. Ya se lo había advertido yo, que el iscariote andaba muy raro desde hacía unos días. Por lo que pudiera pasar, me llevé la mano al cuchillo que tenía bajo la túnica y apreté con fuerza el mango.

Jesús- Siéntate, Judas. ¿No quieres un poco más de salsa? Está muy buena.

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